lunes, 6 de septiembre de 2010

Las dos caras de la UNAM

Por: Antero Duks

Octubre / 2008

 

 

Cuando la Universidad Nacional Autónoma de México, mi Alma Mater, se aprestaba a cambiar de rector reflexioné sobre la problemática de la rectoría en los últimos años.  Juan Ramón de la Fuente dejaría el cargo y pasaría a la historia como uno de esos rectores que lograron cumplir su periodo y mantener estable a la Universidad.  En eso, sin duda, hay un mérito claro.  Mérito que, por otra parte, comparte con el Gobierno del Presidente Vicente Fox, quien se mostró respetuoso de la Máxima Casa de Estudios de México, ya que las intervenciones políticas de fuerza han sido un factor importante en la desestabilización de la vida universitaria.

La Universidad tiene un gran valor, sin duda. Sin embargo, es necesario reconocer que en ella conviven la ciencia y la demagogia; la avanzada y el retroceso; el orden y el desorden; la disciplina y la indisciplina.

Hay facultades, como la de Veterinaria que deslumbra de limpieza, hay proactividad, disciplina, trabajo y servicio. Hay otras donde no ha podido superarse el Siglo XIX, pues siguen ancladas en visiones pasadas del marxismo y constituyen la fuente de la anarquía y la subversión. Así es la UNAM.

La libertad de cátedra permite, sin duda, la convivencia de diversas ideologías y escuelas. Sin embargo, en algunos ámbitos es posible reconocer que los catedráticos han generado un ciclo repetitivo al ser un modo de inserción laboral de los recién egresados y que encuentran en las aulas un modo cómodo de resolver su colocación profesional sin enfrentarse al mundo hostil externo, con lo cual no logran experimentar en la vida productiva la teoría aprendida ni confrontar las creencias con la realidad ad extra de las aulas.

Uno de los factores que permitieron que la gestión del rector De la Fuente se desarrollara en paz, fue, por una parte, su vinculación con el antiguo sistema político mexicano gestado por el PRI, y por la otra sus relaciones con el Partido de la Revolución Democrática, de la cual se llegó a decir que en caso de anularse la elección podría haber sido su opción como Presidente interino en tanto se reponía el proceso que impugnaba esa fuerza política en julio del año pasado.

Esos vínculos y compromisos provocaron que no todo en la Universidad fuera claro, transparente, libre y plural, pues aún subsisten en la UNAM visos de sectarismo ideológico entre quienes pueden decidir qué se dice y qué no en dicha casa de estudios, como ya ocurrió en las décadas de los sesentas y setentas de manera eminente. También es necesario evitar que esa casa de estudios sea refugio temporal de políticos caídos en desgracia o sexenalmente desocupados, como ha sido frecuente en el pasado, sin que eso signifique que como parte de la vinculación con la realidad social no deban participar en la cátedra hombres provenientes de dicho sector, lo mismo que de la vida empresarial.

Ahora que está temprana la gestión del nuevo rector| de la UNAM, los mexicanos queremos sentir un verdadero orgullo de esa casa de estudios, no sólo por sus programas, por sus institutos de investigación o por sus centros culturales. El verdadero orgullo de la UNAM deben ser sus estudiantes y sus egresados, que permitan superar plenamente, esa sombra de sospecha que, aunque diluida o discriminada según las facultades, se extiende en algunos ámbitos de la sociedad mexicana como consecuencia de los desórdenes del pasado o la permanencia de catedráticos que dejan mucho que desear respecto de la formación del estudiantado.

Al nuevo rector de la Universidad Nacional Autónoma de México le tocará, junto con los directores de facultad que le acompañen, realizar un verdadero esfuerzo de modernización de la UNAM, a fin de ponerla, no sólo emblemáticamente, sino por el aprecio y reconocimiento que se tenga de ella en todos los ámbitos de la sociedad mexicana, como paradigma de lo que debe ser la educación en México.

La elección del rector estuvo en manos de personas eminentes que, sin embargo, no dejan de tener vinculaciones e intereses políticos. Esperamos que así como México ha vivido una transición política, ésta alcance también a la Universidad, adaptándose a esa nueva realidad y al México que se debe gestar desde sus aulas para el Siglo XXI.

 

 

 



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