viernes, 8 de enero de 2010

Desde el abismo, hacia el cielo

Por: Querien Vangal

enero / 2008

 

«A la vista del cielo, es preciso creer o negar»

 

 

Dicen que la vida es una película, y tiene su razón dado que en éstas se hace siempre referencia, haciendo a un lado los retoques y adornos, a problemas que surgen en la vida.  Unos soldados cansados, un capitán extenuado, tristeza, rabia y desesperanza... De repente, una música, un chiste, un discurso inspirado, y todos recobran energías: vuelve cada uno a su puesto de batalla, con la ilusión de hacer su parte, de cumplir su misión...

 

Como ven, no ocurre sólo en las películas, también en la vida real muchos de nosotros hemos vivido situaciones parecidas.

 

En grupo o en soledad, como familia o entre los amigos, en una actividad ocasional o en el trabajo... hay momentos en los que parece que todo se hunde, que no hay esperanza, que la vida ha perdido su sentido.

 

Son momentos que no quisiéramos repetir. Todo iba bien, todo caminaba sobre ruedas. De repente, pasa algo, grande o pequeño, imprevisto o preanunciado. El panorama, de improviso, ha dado un vuelco. ¿La causa? Un error humano o un terremoto, un choque o un resbalón, un virus gripal o un virus electrónico, una llamada por teléfono o un aviso de las cuentas del banco, una negativa de un contrato o una nota de despido.

 

Son momentos en los que todo parece oscuro. Días, meses, años, tirados, de repente, por la borda. Parece que no hay esperanza, que no hay salida, que no quedan motivos para seguir la lucha...

 

Pero hay otros momentos en los que algo, alguien, irrumpe en nuestras almas. Será una música que nos evoca nuestra infancia, o la llamada por teléfono de un amigo que tiende la mano, o la sonrisa sincera de quien antes nos miraba con desprecio, o simplemente el recuerdo de un consejo repetido tantas veces por la abuela: en la vida encontrarás gente buena y gente mala...

 

Será, tal vez, un instante. Suficiente como para que todo el panorama cambie, de golpe. Como si se corriesen las cortinas y un viento fuerte alejase tinieblas que oprimían el alma.

 

Algo, alguien, ha permitido que, desde el pozo de un fracaso, levantemos los ojos hacia lo alto. Arriba sigue, sereno, limpio, luminoso, el cielo.. Sobre todo, "arriba" y "dentro", susurra Dios que no nos deja, que está siempre a nuestro lado, que quiere que dejemos de buscar seguridades vanas para abrirnos, con esperanza, al Reino. Un Reino que poseen los pobres, los justos, los limpios, los misericordiosos, los que se hacen como niños. Un Reino que también es para mí, pobre creatura hundida en un pozo de fracasos pero abierta a la esperanza.

 

Entonces somos capaces de mirar adentro, a los corazones, para descubrir que tengo, a mí lado, más manos que ayudan que manos que arrojan piedras.

 

No ocurre sólo en las películas. Quizá hoy puede ser el día decisivo para cambiar mi vida. Quizá hoy asumiré con valor el pasado, con sus lastres y sus derrotas, para tomar nuevamente el arado ante el surco de mi existencia, para servir a mis hermanos, para ofrecer este pobre tiempo en la vocación más hermosa que Dios ofrece al ser humano: dejarse amar y amar sin límites...

 

« Cuando oigo negar a mi dios, confieso y creo. »

 

« La fe es la gran amiga de nuestro espíritus puede hablar alto a las ciencias humanas, que se envanecen de ser más evidentes y claras que ella, como la esposa sagrada hablaba a las otras pastoras: Yo soy morena, pero hermosa. »

 

« Si la fe no fuera la primera de las virtudes, sería siempre el mayor de los consuelos.  Es ambas cosas. »

 

«...para vivir sin fe valiera más vivir ciego. »

 

« El corazón, y no la razón, es quien siente a Dios: eso es la fe: Dios es sensible al corazón y no a la razón. »

 

« ¡La fe…! ¡Pues si es el paño de lágrimas de la vida, la única escollera detrás de la cual puede hundirse en paz el hombre desarbolado…! »

 

« Hay quienes se refugian en su fe ante las tormentas; hay quienes arrostran las tormentas para tener fe. »

 

« Hace falta tener talento y habilidad para ser el apóstol de una idea; con la fe solamente no se pasa de verdugo o de mártir.. »

 

« El creyente que se niega a discutir su fe por temor a perderla  es victima de un miedo muy quimérico.  Una creencia no se destruye por la razón sino cuando está próxima a morir en el alma del creyente. »

 



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