viernes, 8 de enero de 2010

Como colaborar para erradicar la pobreza

Por: Antero Duks

Enero / 2008

 

 

Pobreza, ¿qué es la pobreza?  Indiscutiblemente hay dos tipos de pobreza: espiritual y material.  Nos referiremos a la segunda, que consiste en carecer de los recursos indispensables para satisfacer las necesidades básicas para subsistir con dignidad.

 

Al tratar este tema, conviene recordar que los bienes de la tierra tienen un destino universal, están para ser disfrutados por todos. Por eso, quienes tienen el legítimo poder de gobernar un territorio han de procurar la justa distribución de los recursos entre los habitantes de la circunscripción a su cargo. Y, los miembros de la sociedad han de conservar los recursos con sentido de responsabilidad y han de estar atentos para no acumular aquellos que les resulta un excedente y provocarían carencias en otros.

 

Entonces, el combate a la pobreza no es sólo a nivel político sino también a nivel social. .

 

Aquí trataremos del papel y las distintas actitudes correspondientes a la mayoría: a los ciudadanos.

 

Es evidente la variedad de causas de la pobreza, unas provienen de la estructura social, otras del agotamiento natural de los recursos, pero, también es necesario reconocer la culpabilidad personal por no poner los medios a nuestro alcance para mejorar las condiciones de vida, con una visión amplia, comunitaria.

 

Respecto a la estructura social, hemos de afrontar la necesidad de hacer cumplir las promesas del gobierno. Por un lado, preocupados por fomentar el protagonismo de la opinión pública para hacer cumplir las propuestas. Pero, por otro lado, cabe revisar el modo de alivianar la carga de esas promesas, comprometiéndose para colaborar. Muchas veces, puede ser mediante un trabajo desde la propia especialidad para reducir costos de operación; otras veces, conservando los servicios que se han puesto en marcha, para evitar el despilfarro e incrementar el rendimiento. Es frecuente encontrar actitudes inmaduras en donde los ciudadanos carecen de reciprocidad con el esfuerzo de los gobiernos, y lo poco o mucho que reciben, se deteriora, y las instituciones que se montan son maltratadas o saqueadas, o en el mejor de los casos, abandonadas por falta de mantenimiento.

 

Es necesario plantearse, a nivel horizontal, entre los ciudadanos, una manera espontánea de ayuda mutua en donde cada uno vele por la buena marcha de las instituciones y de las conductas, descubra corruptelas e impida que se hagan costumbre. Todo ello, sin esperar a que entren en funciones los sistemas políticos de supervisión.  

 

En este rubro, también cabe, a quienes tienen recursos personales y materiales, crear fuentes de trabajo que ayuden a elevar las condiciones de vida de muchas personas que solas no podrían sostenerse. De los empleados se espera compromiso para conservar la institución mediante un trabajo honesto y, compromiso para mejorar dicha institución gracias a las sugerencias que planteen desde el nivel laboral correspondiente. Desgraciadamente, hay personas envenenadas por resentidos sociales que en vez de tener una actitud positiva y colaboradora, tratan de hundir a sus empleadores sin darse cuenta de que los más afectados son los empleados, por destruir oportunidades.

 

Respecto al agotamiento natural de los recursos, todos hemos de afrontar la necesidad del buen uso y el cuidado de los recursos no renovables como el agua, los energéticos, etcétera. Algunos profesionales han de investigar para encontrar nuevos productos y sustituir a los que desaparecen.

 

Cuando se utilizan productos renovables, es necesario cuidar de no destruir las especies por una explotación irracional y planear el modo de mejorar la reproducción. En este aspecto hace falta una campaña educativa para impedir la desordenada tala en los bosques y cuidar la reforestación, cuando se trata de la vegetación. Con los animales sucede algo semejante, conviene respetar los tiempos de veda para detener en esas épocas la caza y la pesca.

 

También se debe impedir la irrestricta contaminación debido al arrojo de desechos en ríos, mares o atmósfera. Si las personas cuidáramos el uso de los productos habría menos producción de basura y, como necesariamente la hay, conviene acostumbrarse a separarla para darle el uso adecuado. Muchas veces el procesamiento de la basura es una fuente de ingresos. Por ejemplo, la basura de productos perecederos puede aprovecharse como abono. Hay desechos reciclables: el papel, el cartón, algunas láminas. Los envases de  vidrio sometido a procesos de limpieza pueden recuperar su función original.

La culpabilidad personal es un asunto difícil de reconocer, pero tiene relación con la pobreza. Hay quienes, por diversos motivos, han experimentado la ayuda de los demás cuando estuvieron en circunstancias críticas, esto es, si por enfermedad perdieron el empleo y encontraron quien les tendiera la mano, provoca una actitud conformista que instala a algunos en eternos dependientes y, aunque hayan recuperado la salud encuentran pretextos para no incorporarse al sistema laboral. Tal gravosa actitud necesariamente produce empobrecimiento.

 

Cuando verdaderamente alguien quiere salir de la pobreza busca empleo en donde lo hay aun cuando suponga esfuerzo para adquirir las habilidades y, vencimiento personal para superar el natural disgusto por no encontrar la actividad para la que se tiene aptitudes y preparación. En este caso, un bien pensado plan de ahorro puede forjar con el tiempo, un capital con el que se pueda iniciar un trabajo más ad-hoc.

 

Y, precisamente, la falta de previsión y ahorro, lleva a muchas personas a pasar de una situación regularmente desahogada a sufrir de graves penurias por un endeudamiento poco planeado que repercute en todos los miembros de la familia.

 

Aunque es cierto que hay personas que sufren las injusticias sociales y por ello la pobreza les resulta un callejón sin salida, hay bastantes más que la sufren culpablemente. En este último caso, la receta es laboriosidad, responsabilidad y flexibilidad para estar dispuesto a desempeñar cualquier cargo u oficio.

 

Estas ideas aparentemente sencillas están al alcance de cada uno  y, precisamente porque nos competen, pueden evadirse si adoptamos el mecanismo de defensa de culpar a otros de ponernos obstáculos para llevarlas a cabo.

 

Asumamos nuestros compromisos y ayudémonos a sostener los propósitos personales y sociales en este tema inagotable. Estudiemos cada aspecto y concretémoslo según nuestras posibilidades, desde nuestra familia y nuestra posición en el entramado de la sociedad.

 

 

 

 

 

 



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