martes, 14 de septiembre de 2010

"Id por todo el mundo y prediquen el Evangelio...”

Por: Querien Vangal

Dic. / 2008

 

 

Qué valor tan grande adquieren la actualidad estas palabras, en esta época de guarras, matanzas, hambre, terrorismo y delincuencia por todos los confines del mundo.  Todos los seres humanos necesitamos no sólo oír, sino tratar de practicar, el mensaje de Cristo.  "Amaos los unos a los otros", qué lejos de practicarlo.

 

«Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: 'Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo'».

 

Reflexionemos

"ID por todo el mundo a predicad el Evangelio"


En todos los países del mundo hoy se hace oración por las misiones y por los misioneros que se encargan de llevar la palabra de Dios a los que no lo conocen o a los que lo han olvidado.   Estas palabras a nadie hacen mal, sino al contrario, pero no debe quedar ahí, hay que practicarlas, tratar que nuestras vidas sean reflejo de ellas,  Todos los seres que pueblan el mundo,  independientemente de ideologías, debemos de hacerlo si queremos evitar la degradación de la humanidad y por ende el aniquilamiento del mundo.

 

Debemos asumir todos el papel de misioneros para transmitir la palabras de Dios: amor, respeto, solidaridad.  Debemos de convencernos de que todas las personas necesitamos de Dios para poder la paz entre los pueblos, y con ello el bienestar de la humanidad entera.  Debemos tener todos como tarea imbuirnos de ese mensaje de amor y paz.


Ayuda a los necesitados

 

Seamos también nosotros misioneros, en nuestra propia casa, con nuestra familia, quien está más cerca de nosotros.



Honestidad con uno mismo

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

Dic. / 2008

 

Es necesario e importante que reconozcamos nuestros propios errores.  Hay un libro que se titula "El Caballero de la Armadura Oxidada", cuyo autor es Robert Fisher. Sobre este libro hace unas reflexiones interesantes el escritor Alfonso Aguiló, las cuales nos pueden ayudar a reflexionar, y que a continuación transcribo.

 

Es un relato de fantasía adulta, cuyo protagonista es un ejemplar caballero medieval que "cuando no estaba luchando en una batalla, matando dragones o rescatando damiselas, estaba ocupado probándose su armadura y admirando su brillo".

 

Nuestro caballero se había enamorado hasta tal punto de su armadura, que se la empezó a poner para cenar, y a menudo para dormir. Después ya no se la quitaba para nada. Su mujer ya estaba harta de no poder ver el rostro de su marido, y de dormir mal por culpa del ruido metálico de la armadura.

 

La situación llega a ser tan insostenible para la desdichada familia, que el caballero decide finalmente quitarse la armadura, pero descubre que, por llevarla tanto tiempo, está totalmente atascada y no puede. Marcha en busca del mago Merlín, que le muestra un sendero estrecho y empinado como la única solución para liberarse de ella. Es el sendero de la verdad.

 

Tiene que superar diversas pruebas. En una de ellas comprueba que apenas se había ganado el afecto de su hijo, y eso le hace llorar amargamente. La sorpresa llega cuando ve que la armadura se ha oxidado como consecuencia de las lágrimas, y parte de ella se ha desencajado y caído. Su llanto había comenzado a liberarle.

 

Más adelante advierte que durante años no había querido admitir las cosas que hacía mal. Había preferido culpar siempre a los demás: a su madre, a su padre, a sus profesores, a su mujer, a su hijo, a sus amigos y a todos los demás.

 

Había sido ingrato e injusto con su mujer y su hijo. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas cada vez con más profusión. Necesitaba de ellos, pero apenas los había amado. En el fondo, se consideraba inferior, pero pretendía ganarse la consideración de los demás, y por ello era orgulloso y altivo. Había puesto una armadura invisible entre él y su verdadero modo de ser, y le estaba aprisionando.

 

Recordó todas las cosas de su vida de las que había culpado. Por primera vez en muchos años, contempló su vida con claridad, sin juzgar y sin excusarse. En ese instante, aceptó toda su responsabilidad: nunca más culparía a nada ni a nadie de sus propios errores. Entonces ya no tuvo miedo, sino calma: "Casi muero por las lágrimas que no derramé", pensó.

 

Es fácil culpar a otros. Por eso, la sabiduría de vivir está, en buena medida, en conocerse lo suficiente a uno mismo. De lo contrario, la voluntad se hará cada día más débil, y la habilidad para engañarse por el orgullo, cada día más fuerte.

 

Nuestro caballero tenía que quitarse la armadura para enfrentarse a la verdad sobre su vida. Se lo habían dicho muchas veces, pero siempre había rechazado esa idea como una ofensa, tomando la verdad como un insulto. Y hasta que no reconoció sus errores y lloró por ellos, no consiguió liberarse del encerramiento al que a sí mismo se había sometido.

 

Siempre hay culpas exteriores, y hace falta mucha valentía para aceptar que la responsabilidad es nuestra. Pero esa es la única manera de avanzar, aunque sea un recorrido siempre

 

 

 



Hambre y felicidad


Pot: Querien Vangal

Dic. / 2008



Sería muy interesante examinar a la luz de la psicología moderna algunas expresiones de los salmos de la Biblia. Por ejemplo, éstas:

¡Oh Dios, mi alma está sedienta de ti!  Mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, árida, sin agua...

Como brama el ciervo sediento por la fuente de agua, así, Dios mío, clama por ti el alma mía. Porque mi alma está sedienta del Dios fuerte y vivo. ¿Cuándo llegará el día en que me presente ante la cara del Dios vivo?...

Mi alma suspira y sufre ansiando estar en los atrios del Señor...

 

Y podríamos citar muchos más.

 

Esto, para preguntarnos: ¿Es posible tener hambre y sed y sentirse feliz? Porque estos mismos salmistas que así se sienten llenos de hambre y de sed, exclaman felices, como uno de ellos:

Se inundan de gozo mi alma y mi cuerpo contemplando al Dios vivo. Porque vale más un día sólo en los atrios de tu templo que mil días fuera de tu casa, mi Dios...

 

¿Es posible esto? Sí; porque al mismo tiempo que se tiene hambre y sed, se tiene qué comer y qué beber. La tragedia sería tener hambre y sed, y no tener nada que llevarse al paladar. Y al revés, tener delante un banquete espléndido y sentirse inapetente total, sin ganas de nada.

 

A un multimillonario le hicieron esta pregunta: "Usted es feliz del todo, ¿no es así? Porque lo tiene todo". La respuesta no puso ser más triste: "Están ustedes equivocados. Me falta una cosa que me tiene fastidiado: ¡no tengo HAMBRE!"

 

Y otro caso paralelo. El gran industrial alemán Alfred Krupp, fundador de la fábrica de cañones que hicieron retemblar a Europa en dos guerras mundiales, vivió sus últimos años con una dolencia estomacal incurable. Al ver merendar a un obrero, que comía feliz a dos carrillos, dijo con no disimulada envidia: Daría medio millón para comer un bocadillo con apetito semejante.

 

Esto es una realidad muy cierta. El hambriento es mucho más feliz con un trozo de pan y un plato de arroz seco devorado con avidez, aunque dentro de un rato vuelva a tener el hambre de siempre, que el sentado ante la mesa espléndida de un banquete de gala, pero con falta total de apetito.

 

Por eso, nos preguntamos: ¿Estamos satisfechos de la vida?...

 

Algunos, sí; la mayoría, no. Porque nos faltan muchas cosas, y quisiéramos tenerlo todo. Sólo cuando tuviéramos ese todo soñado, sólo entonces así lo pensamos seríamos felices de verdad. Pero, al pensar así, también nos engañamos todos, los que lo tienen todo y los que piensan tenerlo algún día. Porque esa hambre de felicidad es precisamente una señal inequívoca de que aquí no seremos nunca felices del todo.

 

Dios ha metido esa hambre en nuestro ser para hacernos entender que tenemos un destino eterno, y que sólo un ser eterno e infinito podrá dejarnos enteramente satisfechos. Es la bienaventuranza que proclama Jesús: ¡Dichosos los pobres, dichosos los que tenéis hambre, porque un día quedaréis hartos y serán colmados todos vuestros deseos!

 

Aquel pastor protestante que se convirtió al catolicismo y armó una tremenda revolución entre los suyos. Al enterarse su padre, le mandó una respuesta terrible: con una carta le maldecía y le desheredaba de todo bien familiar. Preguntado si en esta situación era feliz o no, respondió: "¡Oh, si pudiese dar a mi padre una parte de mi dicha y de mi paz!"

 

Ninguna cosa y ningún bien terreno le importaban ya nada, ahora que se sentía lleno de Dios. Esta ansia de Dios la sentimos todos en particular y la siente el mundo entero. Ninguna cosa de aquí nos llena plenamente por más que se disfrute. El apóstol San Pablo nos describe cómo estamos con todas las criaturas suspirando de lo íntimo del corazón, anhelando la liberación de nuestro cuerpo, para vernos metidos definitivamente en Dios...

 

No sabemos si la psicología se explica el misterio. Pero lo vivimos todos muy bien: tenemos hambre y sed de Dios, y estamos felices, aunque poseamos a Dios sólo en las sombras de la fe. El creyente es una persona feliz de verdad. Se siente metido en Dios y pendiente de su providencia amorosa. Se pone a orar, y está convencido de que habla con Dios, al que trata con intimidad. Y cuanto más trata con Dios, más ansias siente de Dios.

 

Además, está seguro de que este mismo trato que ahora tiene con Dios, por intenso y dichoso que sea, es sólo un anticipo de lo que le espera después. El convencimiento de la vida eterna que ya se acerca es el colmo de todas sus ilusiones y de sus esperanzas, que no van a quedar fallidas.

 

Poseer el mundo entero, sin tener a Dios, es la mayor desgracia y la pobreza suma. Tener a Dios, aunque nos falte todo, es la mayor suerte y la riqueza colmada. Es lo que nos dijo, con versos mil veces repetidos, nuestra incomparable Teresa de Jesús: Quien a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta...



Francia dice: NO a la legalización de las “madres de alquiler”

Por: Querien Vangal

Dic. / 2008

 

Es "una forma de prostitución", según la revista "Gènéthique", de la fundación Jérôme Lejeune.  Como  vemos, en todos lados se cuecen habas.

 

Varios sectores de la sociedad francesa han criticado duramente el proyecto de ley presentado recientemente en el Senado francés para legalizar la práctica de las "madres de alquiler".

 

La revista "Gènéthique", de la fundación Jérôme Lejeune, ha recogido ampliamente varias reacciones negativas ante la iniciativa, afirmando que se trata de "una forma de prostitución".

 

"Le Monde" publica una tribuna firmada por Caroline Eliacheff, psicoanalista, y René Frydman, ginecólogo-obstetra, a propósito de las madres de alquiler. Esta práctica ilustra, según los firmantes, la "sobrevaloración" actual de la genética: contrariamente a los procesos de adopción, de la donación de esperma, de óvulo o de embrión, que valorizan la "parentalidad" llamada de intención, aquí "lo que cuenta es el niño en sí, sus genes", cualquiera que sea el precio.

 

Esto me recuerda un suceso que aconteció allá por los años cuarenta del siglo pasado.  Una dama que recién había ganado el premio de Mis Universo, fue a visitar a Bernard Shaw, a quien admiraba mucho.  En la plática, le dijo la belleza al insigne escritor: "Maestro, que tal si pudiera concebir a un hijo de usted, bello como yo e inteligente como usted".  El escritor se quedó pensativo, y después de un rato le contestó: "Y qué tal que fuera al revés, feo y pendejo".

 

Caroline Eliacheff y René Frydman subrayan la importancia del embarazo que "no es un simple porte" dado que los intercambios entre la madre y el hijo en el útero son ricos. ¿Cómo "organizar la venida al mundo de niños portados por una mujer cuyo trabajo psíquico consciente e inconsciente consiste en poderlo abandonar" y desde el momento en que ella podría conservar la posibilidad de retractarse después del parto? ¿Se puede concientemente exponer a los niños de la madre de alquiler, su pareja, su marido a este proceso? ¿Qué pasará en el caso de falso parto, de cesárea, de complicaciones, de niño enfermo...?".

 

Y luego, "¡adjudicarse doce meses (sic) de la vida de un ser humano no es nada!, añaden los autores. "¿No es esta una forma de mayor alienación del cuerpo de la mujer?, se preguntan. Cuestión todavía más grave es que la principal motivación será siempre de orden económico "ligada o no a una reparación psíquica, consciente o no, que parece dudoso animar".

 

Para los firmantes, la regulación de esta práctica –recientemente propuesta por el Senado (Síntesis de prensa del 26/06/08)- no es sino un modo de 'ocultar miserias'. "los patinazos son inherentes al proceso mismo de legalizar esta forma de prostitución en nombre del sufrimiento de las parejas que no pueden procrear pero que pueden pagar".

 

En un comunicado sobre este asunto, el Partido Comunista francés denuncia también este "derecho al niño a toda costa" revindicado sobre todo para aquellos que exigen de sus deseos la legalización de la gestación por otros. Fustiga una práctica que "utiliza el cuerpo de las mujeres como un instrumento de producción/procreación", niega los lazos existentes entre la madre y el niño que ella lleva, formaliza la comercialización del cuerpo y pisotea la dignidad de la mujer y del niño.

 

Aude Mirkovic, de la Universidad de Evry, reacciona a su vez en "Le Figaro" y se interroga sobre el interés del niño que deberá aquí pagar los actos de los adultos. Situado a su pesar en el centro de un embrollo biológico, psíquico y jurídico, el niño deberá por tanto adecuarse para encontrar su lugar y sus puntos de referencia. Mientras que la adopción tiene por objeto ofrecer una familia a quien está privado de ella, la maternidad a través de otro suscita en sí esta situación deliberadamente aceptada y doctamente orquestada. La autora denuncia las circunstancias objetivas impuestas al niño para venir al mundo, sin tener en cuenta el amor que recibiría. Pero "las mejores intenciones no pueden cambiar un hecho: el niño es [en la práctica de las madres de alquiler] el objeto de un contrato".

 

Para Aude Mirkovic, existe una relación irrefutable entre la maternidad de alquiler y el dinero: antes de la ley de 1994 –que prohibió esta práctica- había surgido un mercado (la compensación se estimaba en 50.000 francos) con sus inevitables derivas mercantiles (con intermediarios crápulas sobre todo que no versaban la totalidad de las sumas percibidas a la madre de alquiler). Añade por último que la maternidad de alquiler reduce irremediablemente a la mujer al papel de "instrumento de producción, una especie de maquila de seres humanos".

 



Fieles difuntos


Un poco de historia

 

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

Dic. / 2008


La tradición de rezar por los muertos se remonta a los primeros tiempos del cristianismo, en donde ya se honraba su recuerdo y se ofrecían oraciones y sacrificios por ellos.

 

Cuando una persona muere, ya no es capaz de hacer nada para ganar el cielo; sin embargo, los vivos sí podemos ofrecer nuestras obras para que el difunto alcance la salvación.

 

Con las buenas obras y la oración se puede ayudar a los seres queridos a conseguir el perdón y la purificación de sus pecados para poder participar de la gloria de Dios.

 

A estas oraciones se les llama sufragios. El mejor sufragio es ofrecer la Santa Misa por los difuntos.

 

Debido a las numerosas actividades de la vida diaria, las personas muchas veces no tienen tiempo ni de atender a los que viven con ellos, y es muy fácil que se olviden de lo provechoso que puede ser la oración por los fieles difuntos. Debido a esto, la Iglesia ha querido instituir un día, el 2 de noviembre, que se dedique especialmente a la oración por aquellas almas que han dejado la tierra y aún no llegan al cielo.

 

La Iglesia recomienda la oración en favor de los difuntos y también las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia para ayudarlos a hacer más corto el periodo de purificación y puedan llegar a ver a Dios. "No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos".

 

Nuestra oración por los muertos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión a nuestro favor. Los que ya están en el cielo interceden por los que están en la tierra para que tengan la gracia de ser fieles a Dios y alcanzar la vida eterna.

 

Para aumentar las ventajas de esta fiesta litúrgica, la Iglesia ha establecido que si nos confesamos, comulgamos y rezamos el Credo por las intenciones del Papa entre el 1 y el 8 de noviembre, "podemos ayudarles obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados". (CEC 1479)

 

Costumbres y tradiciones.

 

El altar de muertos


Es una costumbre mexicana relacionada con el ciclo agrícola tradicional. Los indígenas hacían una gran fiesta en la primera luna llena del mes de noviembre, para celebrar la terminación de la cosecha del maíz. Ellos creían que ese día los difuntos tenían autorización para regresar a la tierra, a celebrar y compartir con sus parientes vivos, los frutos de la madre tierra.

 

Para los aztecas la muerte no era el final de la vida, sino simplemente una transformación. Creían que las personas muertas se convertirían en colibríes, para volar acompañando al Sol, cuando los dioses decidieran que habían alcanzado cierto grado de perfección.

 

Mientras esto sucedía, los dioses se llevaban a los muertos a un lugar al que llamaban Mictlán, que significa "lugar de la muerte" o "residencia de los muertos" para purificarse y seguir su camino.

 

Los aztecas no enterraban a los muertos sino que los incineraban. La viuda, la hermana o la madre, preparaba tortillas, frijoles y bebidas. Un sacerdote debía comprobar que no faltara nada y al fin prendían fuego y mientras las llamas ardían, los familiares sentados aguardaban el fin, llorando y entonando tristes canciones. Las cenizas eran puestas en una urna junto con un jade que simbolizaba su corazón.

 

Cada año, en la primera noche de luna llena en noviembre, los familiares visitaban la urna donde estaban las cenizas del difunto y ponían alrededor el tipo de comida que le gustaba en vida para atraerlo, pues ese día tenían permiso los difuntos para visitar a sus parientes que habían quedado en la tierra.

 

El difunto ese día se convertía en el "huésped ilustre" a quien había de festejarse y agasajarse de la forma más atenta. Ponían también flores de Cempazúchitl, que son de color anaranjado brillante, y las deshojaban formando con los pétalos un camino hasta el templo para guiar al difunto en su camino de regreso a Mictlán.

 

Los misioneros españoles al llegar a México aprovecharon esta costumbre, para comenzar la tarea de la evangelización a través de la oración por los difuntos.

 

La costumbre azteca la dejaron prácticamente intacta, pero le dieron un sentido cristiano: El día 2 de noviembre, se dedica a la oración por las almas de los difuntos. Se visita el cementerio y junto a la tumba se pone un altar en memoria del difunto, sobre el cual se ponen objetos que le pertenecían, con el objetivo de recordar al difunto con todas sus virtudes y defectos y hacer mejor la oración.

 

El altar se adorna con papel de colores picado con motivos alusivos a la muerte, con el sentido religioso de ver la muerte sin tristeza, pues es sólo el paso a una nueva vida.

 

Cada uno de los familiares lleva una ofrenda al difunto que se pone también sobre el altar. Estas ofrendas consisten en alimentos o cosas que le gustaban al difunto: dulce de calabaza, dulces de leche, pan, flores. Estas ofrendas simbolizan las oraciones y sacrificios que los parientes ofrecerán por la salvación del difunto.

 

Los aztecas fabricaban calaveras de barro o piedra y las ponían cerca del altar de muertos para tranquilizar al dios de la muerte. Los misioneros, en vez de prohibirles esta costumbre pagana, les enseñaron a fabricar calaveras de azúcar como símbolo de la dulzura de la muerte para el que ha sido fiel a Dios.

 

El camino de flores de cempazúchitl, ahora se dirige hacia una imagen de la Virgen María o de Jesucristo, con la finalidad de señalar al difunto el único camino para llegar al cielo.

 

El agua que se pone sobre el altar simboliza las oraciones que pueden calmar la sed de las ánimas del purgatorio y representa la fuente de la vida; la sal simboliza la resurrección de los cuerpos por ser un elemento que se utiliza para la conservación; el incienso tiene la función de alejar al demonio; las veladoras representan la fe, la esperanza y el amor eterno; el fuego simboliza la purificación.

 

Los primeros misioneros pedían a los indígenas que escribieran oraciones por los muertos en los que señalaran con claridad el tipo de gracias que ellos pedían para el muerto de acuerdo a los defectos o virtudes que hubiera demostrado a lo largo de su vida.

 

Estas oraciones se recitaban frente al altar y después se ponían encima de él. Con el tiempo esta costumbre fue cambiando y ahora se escriben versos llamados "calaveras" en los que, con ironía, picardía y gracia, hablan de la muerte.

 

La Ofrenda de Muertos contiene símbolos que representan los tres "estadios" de la Iglesia:

 

1)      La Iglesia Purgante, conformada por todas las almas que se encuentran en el purgatorio, es decir aquéllas personas que no murieron en pecado mortal, pero que están purgando penas por las faltas cometidas hasta que puedan llegar al cielo. Se representa con las fotos de los difuntos, a los que se acostumbra colocar las diferentes bebidas y comidas que disfrutaban en vida.

2)      La Iglesia Triunfante, que son todas las almas que ya gozan de la presencia de Dios en el Cielo, representada por estampas y figuras de santos.

3)      La Iglesia Militante, que somos todos los que aún estamos en la tierra, y somos los que ponemos la ofrenda.

En algunos lugares de México, la celebración de los fieles difuntos consta de tres días: el primer día para los niños y las niñas; el segundo para los adultos; y el tercero lo dedican a quitar el altar y comer todo lo que hay en éste. A los adultos y a los niños se les pone diferente tipo de comida.


Cuida tu fe

 

Halloween o la noche de brujas: Halloween significa "Víspera santa" y se celebra el 31 de Octubre. Esta costumbre proviene de los celtas que vivieron en Francia, España y las Islas Británicas.

 

Ellos prendían hogueras la primera luna llena de Noviembre para ahuyentar a los espíritus e incluso algunos se disfrazaban de fantasmas o duendes para espantarlos haciéndoles creer que ellos también eran espíritus.

 

Podría distraernos de la oración del día de todos los santos y de los difuntos. Se ha convertido en una fiesta muy atractiva con disfraces, dulces, trucos, diversiones que nos llaman mucho la atención.

 

Puede llegar a pasar que se nos olvide lo realmente importante, es decir, el sentido espiritual de estos días.

 

Si quieres participar en el Halloween y pedir dulces, disfrazarte y divertirte, Cuídate de no caer en las prácticas anticristianas que esta tradición promueve y no se te olvide antes rezar por los muertos y a los santos.

 

Debemos vivir el verdadero sentido de la fiesta y no sólo quedarnos en la parte exterior. Aprovechar el festejo para crecer en nuestra vida espiritual.

 

Algo que no debes olvidar

 

La Iglesia ha querido instituir un día que se dedique especialmente a orar por aquellas almas que han dejado la tierra y aún no llegan al cielo.

 

Los vivos podemos ofrecer obras de penitencia, oraciones, limosnas e indulgencias para que los difuntos alcancen la salvación.

 

La Iglesia ha establecido que si nos confesamos, comulgamos y rezamos el Credo entre el 1 y el 8 de noviembre, podemos abreviar el estado de purificación en el purgatorio.

 

Oración

Que las almas de los difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Así sea.

 

Menuda papeleta, grande responsabilidad


¿Tiene algo que ver con nuestra vida cristiana la política? Parecería que se trata de algo ajeno a nuestra fe y a nuestro compromiso creyente. Y sin embargo no es así. También en la política debemos buscar y apoyar lo que mejor traduzca nuestra cosmovisión de la vida, de la verdad, de la justicia, de la paz. Porque hay caminos más próximos y los hay más extravagantes a nuestra manera de ver las cosas.

 

Hay un momento en el que todos los ciudadanos nos hacemos directa y personalmente corresponsables ante la marcha del país y el funcionamiento de nuestras instituciones: cuando nos toca ejercer el derecho y el deber de votar a nuestros representantes políticos. Ciertamente no todo depende de ellos, pero las decisiones políticas y sociales que tomen los elegidos incluso en el terreno municipal o autonómico, afectan al ejercicio de muchos de los derechos humanos fundamentales. Esto nos exige que votemos en conciencia, eligiendo libre y acertadamente a los candidatos, haciendo un seguimiento de la gestión de quienes resulten elegidos, particularmente si estos candidatos ya hubieran mostrado cuál es el verdadero talante y cuál su auténtico talento.


Por eso, debemos estudiar responsablemente las propuestas de cada partido político y fijarse en la competencia y en la honradez de las personas a quienes votaremos. Los laicos católicos tienen un campo precioso y urgente para contribuir con su buena preparación profesional y la integridad moral de su compromiso político a la presencia de los valores cristianos en este ámbito de la sociedad.


Con el deseo de iluminar la conciencia de los fieles católicos y de las personas de buena voluntad, indico algunos puntos que puedan ser tenidos en cuenta en los programas de los partidos a la hora de apoyarlos con nuestro voto:


1. La transparencia en la verdad, en contra del uso de la mentira de quienes confunden a los ciudadanos secuestrándolos en su señuelo, y de quienes con el engaño destruyen política y mediáticamente a los adversarios para perpetuarse en el poder.


2. El respeto a la vida, desde su inicio a su fin natural, en contra de la difusión del aborto y de la eutanasia, así como el desprecio de la dignidad y libertad de las personas.


3. El apoyo decidido y claro a la familia como unión estable entre un hombre y una mujer abiertos a la vida, reconociendo su impagable función social, así como garantizando una vivienda digna y un trabajo acorde con la condición de la persona humana y remunerado conforme a una legislación justa.


4. Una política educativa que respete el derecho natural y constitucional de los padres para elegir el centro educativo, la educación integral de sus hijos basado en sus convicciones morales y religiosas, sin la intromisión adoctrinadora del Estado.


5. Una clara ausencia de corrupción, pues no son dignos de nuestro voto quienes se sabe que practican desvíos económicos o tráfico de influencia en favor del partido en el que militan o para el propio bolsillo.


6. Una política social sin demagogias irresponsables que ampare a los más desfavorecidos de la sociedad y que esté abierta a la acogida adecuada de quienes buscan entre nosotros mejores condiciones de vida.

 

7. La búsqueda sincera de la paz sin chantajes de ningún tipo, favoreciendo la reconciliación real entre todas las personas y los pueblos, y la condena de toda violencia.

 

Estas siete indicaciones responden a una manera concreta de ver la realidad: la cristiana. Ningún partido político recoge exhaustivamente estos principios, pero algunos los contradicen portentosamente. Entiendo que en conciencia deberíamos votar a quienes menos se distancien por sus programas y sus hechos, de lo que expresa la doctrina social de la Iglesia.



Es necesario que vivan madre y bebé

 

Por: Querien Vangal

Doc. / 2008

 

"El debate por la vida se da entre quienes estamos vivos porque quienes nos llevaron en su seno, pese a mil dificultades (soy el número cinco de once hermanos), nos dieron la oportunidad de estar hoy aquí. Sin vida no hay nada".

 

Así inició su intervención ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en defensa de la vida, el Lic. Carlos María Abascal Carranza, recientemente fallecido y que fue director general de la Fundación Rafael Preciado Hernández, y ex Secretario del Trabajo y, posteriormente, de Gobernación.

 

Era el 13 de junio de 2008, y estaban presentes ocho de los once ministros que conforman este alto Tribunal.

 

            Las primeras palabras, llenas de energía, de profundidad y de sensatez, atraparon su atención, se acomodaron en sus asientos y, después de una larga sesión de intervenciones, se dispusieron a escuchar la última de ese día.

 

Antes de Abascal, cabe resaltar las excelentes aportaciones del Dr. Carlos Fernández del Castillo, y del subprocurador Juan de Dios Castro; ambas llenas de fuego y de argumentos sólidos, ambas pronunciadas con pasión y con energía, con convicción y firmeza.

 

"Jurídicamente, la vida, nuestras vidas, se encuentran protegidas por los artículos primero, cuarto, catorce, dieciséis y veintidós de la Constitución. Nuestra Norma Fundamental garantiza el Derecho a la Vida. En el año 2005, se abolió la pena de muerte, con lo cual la vida humana quedó salvaguardada en nuestra Carta Magna en forma absoluta", continuó Abascal mientras se incorporaba un poco en su asiento para encontrar una postura un poco más cómoda.

 

Se le notaba cansado, pero al mismo tiempo, dio una batalla incansable a favor de la vida. A pesar de su experiencia dando discursos frente a todo tipo de públicos, un buen observador descubrirá que conserva un sano respeto por los micrófonos.

 

A continuación, comenzó a explicar cada artículo y su relación con la defensa de la vida desde el momento de la concepción. Además de aportar argumentos legales, también echó mano de razones antropológicas, médicas, ecológicas…

 

 

"El individuo es la expresión mínima de un ser para que siga siendo lo que es. La ciencia médica ha demostrado suficientemente que en el óvulo fecundado hay un individuo del género humano que nunca puede ser discriminado por razones de edad (artículo 1° de la Carta Magna) y a quien no se le puede privar de la existencia porque se le anularía el derecho más elemental de todo individuo que es la vida, sobre el cual se fundamentan el resto de los derechos y libertades".

 

Y continuó enumerando todas las violaciones que las reformas al Código Penal y a la Ley de Salud del Distrito Federal, que despenalizan el aborto hasta la décimo segunda semana de gestación, hacen al espíritu y a la letra de la Constitución.

 

Pero la aportación de Abascal fue más rica aún. No se conformó con exponer críticas y razones para demostrar la inconstitucionalidad, sino que además, estableció varias propuestas en nombre de los y las mexicanas que rechazan el aborto como una solución ante los "embarazos no deseados".

 

De manera pausada, y midiendo bien sus palabras, asegurándose de ser especialmente claro en esta frase, Abascal asentó que la defensa a la vida no es un ataque a la mujer.

 

"Quiero dejar claro que quienes promovemos el derecho a la vida, no pretendemos que se sancione a las mujeres  que se ven orilladas a abortar", remarcó.                         

 

 

Y por si había duda, hacia el clímax de su discurso recalcó: "Queremos exigir que el hombre asuma su responsabilidad en la paternidad, pues las Reformas implantadas por la Asamblea Legislativa promueven el machismo y la irresponsabilidad del hombre, ya que, en cualquier caso, las consecuencias físicas, psicológicas y sociales del ejercicio de su sexualidad recaen únicamente en la mujer".

 

A continuación, inició su lista de demandas, encabezada por un enérgico "Queremos que VIVAN LOS DOS: la mujer y el bebé"; y procuró incluir en ellas a todos los sectores de la sociedad: bebés, hombres, mujeres, padres, madres, las clínicas que lucran con la privación del derecho a la vida, las parejas infértiles que querrían adoptar; los ancianos, los enfermos y cualquier grupo que pueda resultar incómodo y que, por lo tanto, "justifiquen" otro tipo de depuraciones demográficas.

 

Con un ligero temblor de emoción en su voz, pero con la firmeza y la determinación que le caracterizan, Abascal concluyó con un argumento muy fuerte, resaltando la enorme responsabilidad de los ministros en la resolución sobre la vida o la muerte de los no natos.

 

"Nunca como hoy el nombre del máximo tribunal del país había sido tan acertado: la Suprema Corte es el órgano colegiado más alto que ha de considerar, para decidir en justicia, en ese propósito habitual de dar a cada quien lo suyo, que nadie puede privar de su vida a otro ser humano".

 

Y remató: "La Suprema Corte de Justicia de la Nación tiene hoy en sus inteligencias y en sus corazones el futuro de la Nación".

 

Como dijo el subprocurador Juan de Dios Castro al final de su intervención, con aire agotado, después de haber dejado todas sus energías en esos 10 minutos que se le concedieron frente a la corte: "¡Yo ya hice lo que pude por la vida!"…

 

También Carlos Abascal, y todos los que han prestado su voz, podrían decir lo mismo… ¿Y tú? ¿Y yo? Siempre tendrás la oportunidad de influir, de hacer que tu voz se escuche aunque no salga en las cámaras de televisión o en los micrófonos de radio. ¡Razona y emite abiertamente tu voz por la vida!

 

El día de mañana, cuando veas a un gran hombre o a una gran mujer dejando su huella en el mundo, podrás decir con legítimo orgullo: "yo ayudé a que esa persona naciera

 

 



¿Es importante el maestro?


Por: Querien Vangal

Dic. / 2008

 

Una idea brillante para el debate educativo: la importancia del profesor, según María Félix

 

En el mes de septiembre se publicó una información en forumlibertas.com que recogía algunos aspectos de la vida de María Félix Torres (fundadora de la Compañía del Salvador y de los conocidos colegios Mater Salvatoris) que podían ayudar a la santidad laical en el siglo XXI.

 

Entre las muchas cosas que hizo la sierva de Dios María Félix (para saber más: www.mariafelix.org), destaca como labor principal la de la educación, que ha sido la principal ocupación de la Compañía por ella fundada en el medio siglo largo que tiene de vida.

 

Son muchas las cosas que dijo y sobre todo hizo, pero yo quisiera centrarme hoy en una idea brillante que no todo el mundo tiene clara y que aporta mucho al incesante debate sobre la educación.

 

La expresó en una carta a una religiosa en 1969 (ya por entonces se hablaba de crisis) y dice "no hay nuevas crisis intrínsecas de juventud: lo que hay es crisis de educadores. Si estas crisis se vencen, la juventud volverá a ser esperanza de lo grande y lo bello, porque lo realizará en virtud de la capacidad de sacrificio que Dios le ha dado, le da y le dará".

 

Esta idea, que no convencerá a muchos que se pasan la vida lamentándose de lo mal que está la juventud como si la juventud tuviera toda la culpa, es real como la vida misma. Y digo que es real y es brillante porque la experiencia lo demuestra.

 

En efecto, a día de hoy España destaca en deportes con deportistas jóvenes y cuyo éxito nace del esfuerzo, de la competencia y…de sus entrenadores: allí donde hay uno brillante surge el éxito.

 

Pero no es sólo el ámbito de los deportes, pues en el de los negocios pasa igual: España tiene algunas de las mejores escuelas del mundo y el resultado es claro, pues los españoles abundan en el sector financiero de Londres. Y esas escuelas son como son por sus profesores, por un elevado nivel de exigencia (que sólo es posible si los profesores saben mucho) y por un ambiente de competencia entre los alumnos que requiere un profesor muy bueno por el nivel que alcanzarán aquellos.

 

Que decir de la Universidad: casi todas tienen medios y alumnos semejantes, pero algunas despuntan y, lo que es mejor, dan investigadores que triunfan dentro y fuera de España, y otras no. ¿Por qué? Por la categoría de sus profesores.

 

La lista de ejemplos podría ser interminable: las escuelas de ingenieros, los cazatalentos de las grandes multinacionales, las escuelas de FP, innumerables centros de enseñanza media (todos los años vemos jóvenes que sacan la máxima nota en selectividad o ganan la olimpiada matemática: siendo muchos los que tienen capacidad, pues "empollones" los hay en todas partes, los que lo logran es con un profesor que saca de ellos lo mejor que tienen). Incluso en los Seminarios eclesiásticos hay mejores frutos y más vocaciones donde más se exige.

 

Así pues, en medio del actual sistema del que tanto nos quejamos, sería bueno que nos preguntásemos porqué son como son las cosas. Muchas veces es el profesor el que no exige a sus alumnos porque él mismo tiene poco que dar y ese poco tiene su causa en que él mismo estudió poco.

 

Si los propios profesores son flojos, ¡como va a funcionar el sistema! Se podrá objetar frente a esto que hay profesores buenos, pero que las actuales circunstancias no permiten exigir, y que cuando se exige no se obtienen frutos, pues los alumnos escapan a la exigencia.

 

Pero los hechos demuestran lo contrario: allí donde hay un buen profesor, un buen preparador de oposiciones, un buen master, un buen taller o escuela de hostelería, un buen entrenador….siempre hay alumnos que destacan y, ¡lo mejor!, lista de espera para entrar.

 

Es así: las mejores escuelas, los mejores preparadores, siempre tienen lista de espera. Y no se podrá decir que los que esperan entrar lo hacen movidos por la facilidad de vida que allí han de tener ni por querer entrar en un mundo sin esfuerzo. Al contrario: se exige mucho y bien, se hace sufrir al alumno, y son los propios jóvenes los que quieren que se les exija, pues cuanto mayor es su esfuerzo, mayor su recompensa, y lo saben.

 

Ahora bien, tras escuchar esto alguno dirá, seguramente indignado, ¿Cómo ha de ser ese profesor exigente y de calidad según la Madre? Sobre esto encontramos otra respuesta en la correspondencia de María Félix.

 

Concretamente, en una carta a otra religiosa de 1957: "yo he conocido niñas que no daban lugar ni a un rayito de esperanza, y las he visto mujeres y he constatado en ellas cuánto puede la educación cristiana y la labor abnegada de unas educadoras llenas de espíritu sobrenatural y de celo apostólico".

 

Es decir, que cuando hay verdadero amor (Amor de Dios, caridad apostólica y entrega abnegada) el alumno se transforma, pues el alumno quiere hacer cosas grandes, y no recibe o suele recibir grandes estímulos, y cuando ve alguien que se entrega, entonces lo da todo, porque ha encontrado un tesoro hasta entonces desconocido. Y sobre todo, si contamos con la fuerza de Dios, todo es mucho más fácil y sólo desde su Amor saldrá ese amor de educador, de ahí la importancia del espíritu sobrenatural.