miércoles, 9 de junio de 2010

Responsabilidad en la crisis alimentaria

 

Querien Vangal
julio / 2008

 

Ante la crisis alimentaria que está involucrando a todo el planeta, es necesario asumir la responsabilidad del prójimo, afirmó el arzobispo Celestino Migliore, nuncio apostólico y observador permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas.

Durante la Sesión 2008 del Consejo Económico y Social (Ecosoc), en el Debate para el Seguimiento de Alto Nivel, se pidió a los líderes mundiales reflexionar sobre los progresos conseguidos en respetar la agenda de desarrollo de Naciones Unidas y sobre la urgencia de afrontar las necesidades de desarrollo de las comunidades rurales.

La importancia del tema viene subrayada por la actual crisis alimentaria y por la involución económica en algunos países desarrollados.

No cabe la menor duda que la crisis alimentaria tiene impacto sobre todas sociedades, en algunos lugares se manifiesta de entrada en forma de escasez de alimentos,  continuada por una mala nutrición y termina con hambre.  En otros en precios más altos que resultan onerosos para las familias que tratan de hacer frente a sus necesidades fundamentales.

A pesar de las diversas manifestaciones, según el arzobispo el fenómeno deriva de una serie de causas concomitantes, entre las cuales políticas económicas, agrícolas y energéticas miopes, que provocan un choque entre la creciente demanda de alimentos y su producción insuficiente, el aumento de las especulaciones financieras sobre los bienes, el incontrolable aumento del precio del petróleo y las condiciones climáticas adversas.

Para lograr que el debate sea productivo y no un mero ejercicio retórico y un quede en el aire, el prelado exhortó a trabajar duramente para asegurar que este debate se acompañe de una acción inmediata y eficaz.

La crisis alimentaria mundial amenaza  con malograr el objetivo primario para cada persona de ser liberada del hambre.

Así las cosas, la Resolución sobre el Derecho al Alimento, adoptada recientemente por el Consejo para los Derechos Humanos, subraya justamente el deber de los estados, con la asistencia de la comunidad internacional, de realizar todos los esfuerzos para hacer frente a las necesidades alimentarias de sus poblaciones con medidas que respeten los derechos humanos y la regla de la ley.

Al principio, hay que actuar para asistir a cuantos sufren desnutrición y hambre, porque es difícil pensar que, en un mundo que gasta más de 1.300 millones de dólares al año en armamento, los fondos 'salvavidas' para ayudar a los necesitados no estén disponibles.

Por este motivo, el prelado subraya que una sincera voluntad de afrontar la cuestión deber ser acompañada por la acción necesaria, no sólo por palabras e intenciones.  Del dicho al hecho hay mucho trecho, hay que dar el brinco necesario para librarlo, porque hechos son amores y no buenas intenciones.

Del mismo modo, la ayuda económica de emergencia inicial debe ser acompañada por un esfuerzo concertado por parte de todos para invertir en programas agrícolas sostenibles y a largo plazo, a nivel local e internacional.

El arzobispo Migliore recordó que, en los últimos 25 años, se ha verificado un notable progreso para reducir el número de personas que viven en extrema pobreza.

Si no se invierte de nuevo en la agricultura, sin embargo, el progreso alcanzado con duro trabajo y dedicación corre el riesgo de perderse, deben llevarse a cabo reformas agrarias en los países en vías de desarrollo que puedan dar a los pequeños agricultores los instrumentos para aumentar la producción de modo sostenible, así como el acceso a los mercados locales y globales.

Las políticas agrícolas y ambientales deben seguir la vía de la razón y del realismo para equilibrar la necesidad de producir alimentos con la de ser buenos administradores de la tierra.

La actual escasez de alimentos, para el observador permanente, vuelve a subrayar la urgencia de explorar nuevas fuentes energéticas que no opongan el derecho a la alimentación a otros derechos.

Para resolver la emergencia actual, de todos modos, es imprescindible una eficaz colaboración internacional.

El siglo XX sufrió trágicamente por los efectos de pueblos y gobiernos que miraban sólo al territorio nacional y por la falta de consulta y de cooperación multilateral.  La crisis actual es una oportunidad para la comunidad global de reunirse y asumir la responsabilidad del prójimo.



Ley del ISSSTE no privatiza la seguridad social

 

Enrique Galván-Duque Tamborrel
julio / 2008

 

 

Tanto escándalo se ha hecho con la bandera  co la reformada Ley del ISSSTE, que ahora cayo en la falacia, al igual que le Reforma Energética, de que privatizo la seguridad social.  A este paso al rato no van a salir que la política actual es privatizar los ríos Panuco y Grijalva, así como el Golfo de México, y lo que es peor es que hay gente que se la "traga" ¡vamos! Ya basta de falacias por un lado y de extrema ingenuidad por otro.

En la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) se realizó la segunda y última audiencia sobre los amparos presentados contra la ley del ISSSTE, durante la cual el director del referido instituto: Miguel Ángel Yunes, argumentó que la ley no privatiza la seguridad social.  Dijo Yunes que la Ley no contempla forma alguna de privatización, aunque, y es precisamente lo que la nueva Ley pretende corregir, en la realidad en el ISSSTE se venía dando una privatización injusta y silenciosa, pues cada vez que a un trabajador se le negaba el servicio se le negaba el servicio, argumentando falta de recursos, tenía que acudir a un particular y pagarlo con cargo a su salario.

Agregó Yunes que con la aplicación de la nueva ley, ha aumentado 95% el abasto de medicamentos y se inició la construcción de dos hospitales de especialidades, además de realizar el reacondicionamiento de los ya existentes.

En su oportunidad, la Comisión Nacional del Ahorro para el Retiro consideró que el nuevo marco legal no le quita, ni le disminuye, derechos a los trabajadores.

Por su parte, Pedro Ordorica Leñero, vicepresidente jurídico de la CONSAR, manifestó que la nueva Ley del ISSSTE no suprimió, ni eliminó, ninguno de los 21 seguros, servicios y prestaciones que contemplaba la anterior, ya abrogada, Ley, sino que los agrupó y reordenó de manera distinta para homologarlos con la ley del IMSS, sentando así las bases para la construcción de un sistema nacional de seguridad social justo y financieramente sustentable.

Con el estudio y análisis ya realizado con base en lo que las partes expusieron abiertamente, finalmente la Suprema Corte determinó que los amparos contra la mencionada nueva Ley del ISSSTE son improcedentes.

 



LA FAMILIA

 

Querien Vangal
julio / 2008

 

"La más antigua de todas las sociedades
 y la única natural es la familia"

J. J. Rousseau

 

«Conviene hacer realmente todos los esfuerzos posibles para que la familia sea reconocida como sociedad primordial y, en cierto modo, "soberana"».  Juan Pablo II

 

Hace unos días se celebró en Barcelona el Congreso Internacional sobre Familia y Sociedad, organizado por el Instituto de la Familia.  Durante tres días, expertos de renombre internacional presentaron, a los más de trescientos participantes, diversos estudios para analizar el estado actual de la familia, su problemática con la que nos estamos enfrentando, sus dificultades, y sobre todo buscando soluciones efectivas de apoyo a las familias, haciendo eco a las recomendaciones de Juan Pablo II: "El futuro de la humanidad se fragua en la familia"

 

Me llamó poderosamente la atención lo que uno de los ponentes expresó: "Es verdad que la problemática con la que nos enfrentamos deja mucho que desear: Descenso imparable de la natalidad que imposibilita un correcto cambio generacional y convierte a Europa en un continente cada día más viejo, maternidad tardía, descenso de matrimonios, aumento de abortos (sólo en Europa se asesina a un no-nacido cada 25 segundos), aumento de divorcios, aumento de los hijos nacidos fuera del matrimonio, violencia doméstica galopante y un largo etcétera nefasto para la buena salud de la sociedad".

 

Dado que el problema del deterioro de las familias está afectando en mucho a nuestro país --no me atrevo a decir si más o menos porque finalmente eso no nos trae ningún consuelo, baste decir que ya es un problema global--  me metí a la página Web recomendada: http://www.ipfe.org/Informe_Evolucion_Familia_Europa_2008_def_esp.pdf , en donde se encuentra el Informe sobre la Evolución de la Familia en Europa 2008,  presentado recientemente por el Instituto de Política Familiar(IPF) en el Parlamento Europeo, en donde pude constatar que en verdad las cifras son devastadoras.

 

Pero también, es verdad que estos datos no pueden dejarnos con los brazos cruzados. Reconstruir la deteriorada familia es posible. Sólo nos falta recobrar la confianza en la familia y defender a la familia desde la familia. Para ello, es verdad, que muchas veces necesitaremos presentar una batalla pacífica y sincera ante los ataques deliberados de los que pretenden exaltar el quebrantamiento del modelo de familia, con el único fin de destruirla. Y es que, como decía uno de los ponentes: "Familia débil, sociedad débil".

 

Pero, no podemos ni debemos renunciar, nuestra felicidad depende de ello, a "unir fuerzas para sostener, con todo medio posible, a las familias desde el punto de vista social y económico, jurídico y espiritual", como subrayó recientemente Benedicto XVI y a exigir a los poderes públicos unas políticas familiares efectivas de apoyo a la familia, "que ofrezca la posibilidad concreta a los padres de tener hijos y educarles en familia".

 

En definitiva, no debemos, no sería justo para las generaciones venideras, abandonar la defensa de la familia, puesto que es un bien insustituible para la persona y, por lo tanto, un valioso patrimonio común para la sociedad.



¿Izquierda progresista?

Enrique Galván-Duque Tamborrel
julio / 2008

 En una mañana de un bonito día, al calor de un sabroso desayuno, leía en un periódico los pleitos entre las cúpulas del PRD. Ahí hablaban de la Izquierda Unida, la Nueva Izquierda, la Izquierda Progresista y la Izquierda Conservadora, total que me enredé con tanta izquierda que hasta el brazo derecho me dolió.

Aunque en realidad nunca he entendido bien el verdadero –cada quien la interpreta como se le da la gana, según me ha dado cuenta--  significado de una y otra.  Desde hace tiempo me ha llamado la atención la nombrada "Izquierda Progresista".  Yo siempre he entendido, además que lo he consultado y reconsultado en el diccionario, que progreso significa: acción de ir hacia delante, avance, adelanto, perfeccionamiento.  De ahí que progresista es la persona que progresa, que va hacía adelante, que avanza, que va hacía adelante, que se perfecciona. 

Pero resulta que  los "izquierdo-progresistas" –cuando menos aquí en México--  más bien parece que hacen todo lo contrario.  ¿Por qué lo digo?, pues porque todas sus acciones más bien tienden a causar caos y por ende a retrasar cualquier avance –lo que equivale a retroceder--  precisamente lo contrario a progresar.

Ellos pregonan que son la imagen pura del bienestar de la gente, y reflexionando en ello se llaga fácilmente a la conclusión de que no existe ningún mexicano, medianamente sensato, que no esté de acuerdo con esa tesis consistente en que 'Primero los Pobres'. ¡Seguro que primero los pobres! ¿Quién puede oponerse a semejante propósito político y social?

Quienes realmente queremos a este país deseamos elevar a la altura mínima exigida por la dignidad humana, a todos aquellos compatriotas que carecen de lo estrictamente indispensable.

Indiscutiblemente que queremos educación para todos, que queremos bienestar para toda la nación, que queremos un ingreso mínimo per cápita de 300 mil pesos al año para los mexicanos, que queremos apagar todas las mechas encendidas que no hacen sino atentar en contra de la estabilidad y del desarrollo en general del país.  Solamente una mente enfermiza puede estar en contra de ellos.

Queremos aumentar el ingreso, pero a través de la productividad y no a través de decretos ya conocidos que disparan la inflación con todas sus consecuencias. ¿Quién no desea ayudar los indígenas de México? ¿Quién no desea alfabetizarlos? ¿Quién no desea contener la emigración de cientos de miles de mexicanos a los Estados Unidos? ¿Quién no quiere agua potable, televisión, estufas, piso de concreto y paredes de ladrillo en cada familia mexicana?

Creo que todos coincidimos en la necesidad inaplazable de rescatar a los marginados, pero para ello es totalmente incongruente las tomas de tribuna en el Congreso, los bloqueos de calles, los borlotes, etc.  La única célula generadora de riqueza es la empresa y los empresarios, a los que por sistema  les llaman hambreadores del pueblo o parásitos sociales, son los agentes operadores del bienestar. La práctica lo ha demostrado una y mil veces.

La inmensa mayoría de los mexicanos, con un gramo de sensatez, coincidimos con ese fin, pero también estamos concientes de que la única forma de lograrlo es con trabajo y más trabajo para generar la suficiente riqueza para crear empleos, esta y no otra es la herramienta verdaderamente eficaz para ayudar a los pobres.

Yo no vislumbro cómo se puede, con las ideas que pregonan la "izquierda progresista" pueda lograrse esos objetivos, muy al contrario, generarían más pobreza que ahondarían más la desigualdad imperante y nos llevaría a una pobreza generalizada.  Además, para imponer esas ideas necesitarían irremediablemente acudir al uso de la dictadura, lo cual reduciría –por no decir se acabaría--   las libertades por las que tanto ha luchado el pueblo mexicano.

Nadie con un poco de inteligencia podría aceptar que las tesis económicas que pregona como panacea la "Izquierda progresista" ayudarán a la capitalización de las empresas ni estimularán la investigación tecnológica, ni ampliarán los mercados, ni estimularán la competitividad en el comercio internacional, ni abaratarán costos de producción, ni propondrán alternativas inteligentes para modificar el TLC, dando los pasos adelante necesarios para acercarnos, poco a poco, al esquema de una Comunidad Económica de Norteamérica.

La "izquierda progresista" se arroga el derecho a detener la inversión, sea ésta nacional o extranjera, por la que tanto hemos rogado.  Y cabe la pregunta: ¿con que derecho ahuyentan –en vez de atraer--  a los capitales que vienen ayudarnos? ¿So pretexto de la tan cacareado pérdida de soberanía?  ¡Vamos! Esa pérdida estaría a la vuelta de la esquina de aplicar los métodos que pregonan.  ¿Evidencias? Aquí cerca tenemos uno: Cuba.

¿Cuáles son los métodos que aplica la "izquierda progresista"?  Veamos: estimula el odio entre todos los mexicanos polarizando al país, crea trincheras con la única intención de dividirnos, estimulando con esto el flagelo que hemos sufrido por atávico mal de los mexicanos: la desunión.

¿Esta es la "izquierda progresista" por la que tanto escandalizan los Fernández Noroña, Leonel Cota, Alejandro Encinas, López Obrador, Pablo Gómez, Rosario Ibarra, Elena Poniatowska, etc. etc.….?  Me niego a incluir entre este selecto grupo a gente como Porfirio Muños Ledo, Manuel Camacho Solís, Marcelo Ebrard, Arturo Núñez, entre otros similares, porque éstos ahora pueden portar el distintivo de la "izquierda progresista" y mañana la del PRI, o la de Convergencia, total que no son de aquí ni de allá.

¡Ah! pero ahí no para el asunto, hay que tratar de meterse a entender que son, o que pretenden, o cual es su mística, o lo que sea que haya que entender, de las izquierdas: unida, nueva, vieja y conservadora.  Yo he tratado de hacerlo pero y0 de plano desistí, mi intelecto no llega a tanto.  Varias veces recurrí a connotados analistas y/o comentaristas de la radio y televisión, les mandé varios mensajes pero ninguno se dignó contestarme, o cuando menos tratar el asunto en cualquiera de sus programas.  El único que atendió mi petición, cosa que se lo agradecí oportunamente, fue Héctor Aguilar Camín, que en uno de sus programas semanales por el Canal 2 de Televisa, que se llamaba "Zona Abierta" –ya desapareció del aire--  trató el tema.  Para tal objeto invitó a cuatro connotados intelectuales, dos supuestos izquierdistas y dos derechistas.  Después de una hora de debate no se llegó a una definición definida, porque según ellos realmente no era actualmente posible.

Total que se queda en las mismas.  ¡Ah! pero como les gusta alborotar el gallinero a los susodichos dizque izquierdo-progresistas.  Mejor ahí la dejo.

 



¿Estás listo?


Querien Vangal
julio / 2008

 

¿Cómo moriré? ¿Quizás en un accidente? ¡Dios me libre! ¿De viejo? ¿En un hospital con un cáncer galopante marchitando mis células?

¿Y tú?

Es un misterio el cómo y el cuándo moriremos, tienes razón. Lo único que conocemos con certeza es que –tarde o temprano– nuestro tic-tac del corazón se parará. Y nos encontraremos de frente a nuestro Creador para rendirle cuentas.

En esos momentos nos dará más satisfacción haber perdonado que haber partido narices, haber hecho el bien en vez del mal; haber sido obediente que habernos salido con la nuestra; habernos arrepentido que…

Ese día –el día de mi muerte y de la tuya– de nada nos servirá nuestras colecciones de revistas, de camisas, de llaveros, de discos compactos. De nada nos servirá haber ido al gimnasio y tener el cuerpo lleno músculos si no cumplimos la misión que Dios nos encomendó.

Ese día brillarán como diamantes las ocasiones en que hicimos el bien sin recibir nada a cambio, o cuando oramos con Dios, aunque no sintiéramos gorgoritos en el estómago.

La muerte será tu y mi inicio, o tu y mi final. Depende de nosotros.



¿Estamos inmersos o no en una crisis?

Enrique Galván-Duque Tamborrel
julio/ 2008

 

Ciertamente el panorama es oscuro. Para tener una idea del problema que se avecina, digamos que la crisis inmobiliaria sufrida por los Estados Unidos es, en comparación, una broma de mal gusto. Sigiloso pero contundente, el incremento generalizado en el precio de los alimentos es tema de análisis y primer orden mundial.

Al inicio, el problema parecía atribuible sólo al principal detonador: el aumento internacional en el precio del petróleo (que de US$68 en mayo de 2007, se fue hasta los US$135 en junio pasado).  Pero conforme la situación se agudiza, factores como el cambio climático también han contribuido a la formación de este tornado inflacionario que aún dista mucho de tocar suelo.

La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y analistas de varias latitudes pronostican que el descontrol en la producción, distribución y oferta de alimentos durará al menos 10 años. Por eso, algunos países ya han implementado medidas urgentes para anticiparse a la situación. Un ejemplo son Estados Unidos y China, que recién restringieron la venta de su arroz a otras naciones para reservarlo al consumo local.

Aquí, el suceso se vaticinó desde 2006 con el alza de la tortilla. Quizá con el deseo de adelantarse o encarar los pronósticos, Felipe Calderón anunció a finales de mayo un plan para responder a esta escalada de precios en alimentos que, en términos generales, de noviembre a abril se ha elevado hasta en un 25%. El secretario de Agricultura, Alberto Cárdenas, asegura que hay un abasto garantizado de 195 millones de toneladas de diversos alimentos, en tanto el gobierno federal impulsa una serie de medidas para evitar el desabasto y la especulación.

Productores nacionales de arroz (aunque se importa el 25% de su consumo total) acordaron mantener su precio por abajo del promovido en
mercados internacionales. Sin embargo, el optimismo parece quebrantarse si se añade que el sector pecuario requiere de entre 18 y 20 millones de toneladas anuales de granos para forraje, las cuales –adivinó usted– se importan.

Un porcentaje significativo de maíz blanco y leche en polvo llega a nuestra mesa por esa transacción, y aunque en caña de azúcar y maíz amarillo México registra un excedente (solamente en frijol somos autosuficientes), esto refleja el rezago y olvido que por años ha padecido nuestro campo.

En voz de algunos analistas, la soberanía alimentaria de México no ha sido defendida por sus gobiernos al privilegiar sólo a las grandes organizaciones agrícolas, inclinadas más a la especulación que a la inversión.

Para Manuel R. Villa Issa, autor de la obra ¿Qué hacemos con el campo mexicano?, hay una respuesta para frenar el problema, al menos en el ámbito doméstico: "El fondo está aquí, dentro del país. Tenemos que volver los ojos a donde nunca debimos quitarlos, al campo. Su estructura tiene tierra, agua, clima, material genético e investigación, aunque todo está muy lastimado. Si buscamos complementos en los mercados internacionales, no se debe descansar en eso. No podemos transitar este proceso en un país en el que se importa un tercio de lo que se come."

Villa Issa, quien fuera fundador de la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Economistas Agrícolas y vicepresidente de la Asociación Internacional de Economistas Agrícolas, en entrevista con Alto Nivel dijo que los sectores más afectados por la actual crisis alimentaria son el ganadero, avícola y porcino, por el hecho de requerir de los granos para su sustento.

Sin embargo, en términos generales, toda la industria de alimentos se verá afectada al no poder absorber los costos de la materia prima, quedándole sólo dos posibilidades: comprimir su ganancia hasta quebrar o ajustarla al mismo precio de la oferta para mantenerse con lo menos.

Al referirse al contenido de su libro, el ingeniero agrónomo asegura que se trata de un análisis bien documentado con miras a una propuesta de compromiso con los productores; compromiso que debe hacerse si se desea alivianar la carga de un futuro incierto.

"En el libro hay datos de la OCDE, del Banco Mundial, del Banco Interamericano y hasta de la Secretaría de Agricultura, porque el fenómeno económico es el mecanismo que ha lastimado al campo. El capital especulativo está invirtiendo en alimento y en petróleo", señala el entrevistado.

El corazón de la propuesta de Villa Issa se centra en la idea de considerar al campo, a los alimentos y a todo el fenómeno como temas de seguridad nacional, porque la estabilidad del país está de por medio.

En el mismo sentido se pronuncia la especialista del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, Esther Orozco, autora de Así estamos hechos… ¿cómo somos? En días pasados, Orozco dijo que, en lugar de implementar una política de Estado para fortalecer al campo científica y tecnológicamente, se abren las fronteras a las transnacionales para dejarles el mercado alimentario nacional.

Como ejemplo, en enero pasado la compra del maíz blanco a Estados Unidos se fue hasta 384% al sumar 49,488 toneladas, contra las 10,222 que se adquirieron en el mismo periodo de 2007.

Sin embargo, para nadie es secreto que hoy el campo mexicano requiere de inversión extranjera para modernizar su infraestructura y reactivarse, dejando de lado cualquier postura política.

Para Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, la crisis alimentaria mundial continuará hasta el 2015, sin que el precio de los granos vuelva a sus niveles de 2004.

A su juicio, los países deben modificar sus políticas de producción alimentaria y buscar una nueva generación de combustibles con materiales procedentes de la celulosa, para desestimar el uso del maíz o la caña de azúcar como energéticos. La CEPAL, por su parte, recomienda políticas que disminuyan el alza de precios en los mercados internos y mejoren los ingresos de la población, especialmente de los sectores más bajos.

En concordancia con el plan anunciado por el presidente Calderón, el organismo sugiere la reducción de los aranceles e impuestos al consumo
y el fomento a los subsidios (o algunas alzas a los ya existentes) en determinados sectores. Por eso, el pasado 26 de mayo el secretario de Agricultura anunció recursos por $300 millones para la investigación agrícola y pesquera del país, pero al día siguiente reconoció que al menos durante los próximos cinco años, el país no producirá lo que necesita en materia de básicos.

Aun así, para algunos especialistas el país ha sufrido un impacto menor en comparación con otras naciones. Y es que si los efectos se han reflejado seriamente en nuestro monedero, por fortuna, el fantasma del desabasto todavía no toca los centros de distribución nacional.

Por las condiciones, la política económica habrá de ajustarse al panorama mundial. ¿Significa esto que la moda de las vacas flacas no se irá con el anochecer de una coyuntura, ni con el amanecer de un nuevo sexenio? Seguramente, los acontecimientos venideros nos darán la respuesta.

 

 



Entre herramientas


Querien Vangal
julio / 2008

 

Medidas para los demás y para uno mismo

Si nos enteramos de que el futbolista famoso de turno se comió el domingo pasado un trozo de una deliciosa tarta de chocolate, juzgaremos, primero, el tamaño escandaloso –a nuestro entender– del trozo; y segundo, su impenitente glotonería que le está llevando a la ruina irremediable de su condición física. Si a un presidente se le ocurre comprar para la residencia presidencial unos shampoos con esencia de naranja y de sandía, juzgaremos su lujosa política presupuestaria. Y si el vecino del piso de arriba viene y nos pide azúcar, juzgaremos su descarada falta de previsión.

SÍ, a la hora de medir, los seres humanos somos duros.

Quien más, quien menos, lo juzgamos todo a todos: Al compañero de trabajo si se tomó dos cafés en vez de uno, al jefe si mandó pintar el muro de otro color, a la mamá si se le ocurre escogernos como blanco de alguna de sus habituales órdenes… Juzgamos el más mínimo gesto de los demás. Nos montamos largas películas sobre las oscuras y perversas intenciones que aquella sospechosa persona tuvo cuando hizo aquello, o cuando movió aquello, o cuando dijo aquello. O sea, que juzgamos más lo que menos se ve.

En una ocasión, hace ya algunos años, yendo con un compañero de trabajo, recorríamos muy de mañana una carretera todavía muy solitaria. Paramos en una gasolinera, y, tras repostar, el coche no quiso seguir. Lo que había pasado, tristemente, fue que a esas bajas horas de la madrugada, confundimos la manguera de la gasolina con la de diesel. Así que tuvimos que llamar los servicios de una grúa. Ya a bordo, una vez que le confesamos al conductor la causa de nuestro percance, nos comentó que cada día atendía uno de estos casos como mínimo, y en días punta hasta dos o tres. Esto nos consoló un poco. El buen hombre, en su ya larga experiencia atendiendo gente que se equivoca de combustible, nos dijo que la inmensa mayoría no reconoce el error; que, en promedio, de cada diez, sólo uno lo reconoce.

¡Hombre!, nosotros dos, ciertamente, en un primer momento dudamos en reconocerlo pero la evidencia pronto nos convenció a cada uno de nuestra respectiva mitad de culpa en tan desgraciado error.

Las buenas cualidades

El buen señor nos llegó a comentar el caso de una persona que no sólo no reconocía su error, sino que desde la misma grúa se puso a llamar a su abogado con intenciones de demandar ante la Justicia a los dueños de esa gasolinera por no tener una señalización lo suficientemente convincente como para evitar el suceso.

Así somos. A la hora de medir a otros somos duros.

Cuenta una fábula anónima que en una ocasión en el taller de un carpintero las herramientas no se aguantaban las unas a las otras. Así que un buen día se pusieron a discutir formalmente el martillo, el tornillo, la lija y la cinta métrica. El tornillo comenzó diciendo que el martillo se la pasaba golpeando a los demás. La lija dijo que para lograr que el tornillo sirviera para algo primero había que darle muchas vueltas. La cinta métrica afirmó que la lija lo único que hacía era provocar fricciones día tras día. Y el martillo se quejó de que la cinta métrica se la pasaba midiendo a los demás como si fuera la única perfecta del taller. Las herramientas estaban todavía discutiendo acaloradamente, cuando de pronto entró el carpintero en su taller. Sin más, se puso a trabajar afanosamente y al cabo de cuarenta y cinco minutos terminó una preciosa silla. Y, sin decir nada, se marchó.

Entonces el tornillo tomó la palabra y dijo a sus compañeras herramientas: "Lo veis, lo que este hombre ha hecho con nosotros, es fijarse en las cosas buenas de cada quien, y gracias a eso ha sido capaz de hacer algo hermoso a través de nosotros".

Herramientas para el bien

Así que, dejados solos, siempre seremos duros de juicio. La única solución es levantar la mirada y observar a nuestro Carpintero, día tras día… ¿Acaso la profesión de Cristo no es la de carpintero? Fijémonos que la medida de Dios es mucho más objetiva que la nuestra. Se acerca muchísimo más a la verdad que la medida humana. Porque Dios se deja deslumbrar por la bondad y potencialidades de cada hijo suyo. Se deslumbra tanto porque sabe que los defectillos de su hijo son incluso herramientas de más bondad. Sin defectos no habría lucha por ser mejores, pues careceríamos de enemigos. La mirada de Dios es más completa y verdadera. No se trata de una mirada dulzona, ingenua, y que esconde ridículamente los defectos. No. Es una mejor mirada.

De tanto ver a nuestro Carpintero, quizá… De observar con frecuencia cómo ve él las cosas… De verle cómo suda, cómo se pincha con un clavo rebelde y enseguida le perdona, con qué paciencia le da vueltas a un tornillo, con qué cariño mira la tosca madera, la desempolva, y hasta la abraza… De verle con qué tesón trabaja, las horas extras que hace, cómo su madre tiene que decirle que detenga un poco el trabajo, que se lave las manos y que coma... De verle sus manos, sus cicatrices, y cómo el dolor las ha hecho aún más bondadosas…

Sólo así, quizá, nos iremos contagiando de su sencillez, de su humildad, de su bondad, de su mansedumbre. Sólo así, quizá, aprenderemos a medir a su manera, más allá de nuestras medidas supuestamente matemáticas. Sólo así, quizá, seremos mejores herramientas en Sus manos.