domingo, 28 de marzo de 2010

El Mito

 

Por: Antero Duks

Abril / 2008

 

"La diferencia entre lo real y lo irreal, el inestimable privilegio de lo real, reside en que hay menos realidad en la realidad por no ser esta más que la irrealidad negada, apartada  por el enérgico trabajo de la negación y por esa negación que es también el trabajo" Maurice Blanchot. El libro que vendrá.

 

Hasta hace relativamente poco tiempo estaba convencido de la importancia y el valor revestidos por un trabajo como este. Aproximarse al pensamiento mítico intentando argumentar su validez frente al racional: hoy juzgo evidente esa validez pareciéndome absurda su no consideración.

 

Sin embargo, esta aseveración no ha de impedir el esbozo del trayecto. Si la lectura de textos referentes al tema son los culpables del repentino cambio, estas hojas deberán consignar las líneas generales trazadas en ellos. La meta es clara, el ocasional lector lo advertirá.

 

Atravesar el camino sinuoso que representa la escritura es, no obstante, el propósito de esta nota.

 

Toda aproximación que hagamos al mito está auscultada por la razón. No podemos escapar al tiempo ni al espacio que nos corresponde; no podemos escapar a la Historia. Donde penetra el juicio con su afán iluminista el mito comienza a envanecerse: el ensayo es, quizás, el medio más concreto para soportar ese fenómeno. La poesía podría ser una forma más fiel al acercamiento del mito pero dejaría de "comprenderse totalmente por sí misma y en sí misma".
Señalo pues el carácter moroso de cualquier trabajo referente al mito porque en él, en el mito, son condensados otros procedimientos, otra lógica. Una dificultad procedimental representa esta aproximación.

 

Pierre Grimal conviene en "llamar <<mito>>, en sentido estricto, a una narración que se refiere a un orden del mundo anterior al actual, y destinada no a explicar una particularidad local y limitada – éste es el cometido de la sencilla <<leyenda etiológica>>-, sino una ley orgánica de la naturaleza de las cosas".
De manera que se tiene ya una clara taxonomía: por un lado está el mito y por otro el acto heroico, por uno las leyendas etiológicas y por otro los cuentos populares. Los doce trabajos de Heracles no pertenecen estrictamente al terreno de lo mítico con todo y que involucren elementos sobrenaturales o maravillosos; la historia de Eco y Narciso hace parte de la cultura helénica como cuento popular. El mito lo hallamos en el origen: en un momento primigenio aparece revestido de carácter simbólico, contrario a los ciclos heroicos "…que se van formando en el curso de una larga evolución" y su valor simbólico "…no se logra hasta el término de su existencia, cuando sus distintos episodios se le han incorporado en el grado suficiente para poder, en conjunto, revestir una significación única". Urano y Gea; los doce titanes; el Caos, padre ausente de todos ellos: allí está el mito en su forma pura, compilado en la Teogonía de Hesíodo y también en Los trabajos y los días.

 

"Y primero parió a Gea a su igual en grandeza, al Urano estrellado con el fin de que la cubriese por entero y fuese una morada segura para los Dioses dichosos.

 

Y después parió a los Oreos enormes, frescos retiros de las divinas ninfas que habitan las montañas abundantes en valles pequeños; y después, el mar estéril que bate furioso, Ponto; pero a éste lo engendró sin unirse a nadie en las suavidades del amor. (…). Y el último a quien parió fue el sagaz Cronos, el más terrible de sus hijos, que cobró odio a su padre vigoroso".
En el relato, que no ha de inventar Hesíodo sino que recoge una tradición oral aparentemente "sistematizada", descansan las fuerzas elementales de la naturaleza: poderes creadores que necesitan ser bautizados; imágenes que dan corpus a un afán del orden humano por señalar un "algo" extraño a la razón. Pero debo moverme con cautela al esgrimir estos juicios. Grimal advierte que el mito es a su vez medio y fin. "Se lo cree o no, según plazca, por un acto de fe, si se le juzga "bueno" o verosímil, o simplemente si se desea creerlo. Así, encontramos que el mito atrae hacia sí toda la parte irracional del pensamiento humano".

 

Se contrapone un mundo interno ausente de claridad a uno externo que goza de aparente calma (en el sentido de ser distinguibles sus partes). No se afirma la oscuridad inherente a una época –más adelante intentaré abarcar este punto- sino la confirmación de un caos existente ayer y hoy pero reconocido y validado por el mecanismo simbólico que el mito propone.

 

"El mito pinta una imagen, un símbolo, si se quiere, da una realidad que no se podría expresar de otra manera. Es muy probable que para el poeta mismo, el episodio sólo sea un medio de expresión, una forma de revelación que ayuda a concebir el misterio del mundo, pero que no debe tomarse al pie de la letra". El mito, así, no sólo abarca y señala, sino que confirma, la existencia de la heterogeneidad; en su funcionamiento no es partícipe la negación, y si lo es, representa una parte más de lo posible. Si se piensa el mito como la narración de lo irreal (mirada obtusa heredada del racionalismo), entonces estamos con Blanchot al recordar que la irrealidad recubre a la realidad mientras la segunda se limita a negar la primera.

 

El mito es el mecanismo llamado a narra en todas sus formas la Realidad.
Erramos cuando, buscando justificar el pensamiento mítico, conturban la mirada los fenómenos del mundo, del universo. Intentar definir el mito sólo por su carácter explicativo es ver sólo el engranaje de un mecanismo mayor. No obstante, esta advertencia no anula la posibilidad de percibir y anotar algunas analogías entre el mito y ciertos fenómenos que conocemos a través de la Historia (de otras de sus fuentes).

 

Aquí es importante señalar la recurrencia no sólo a la forma pura del mito sino también a las leyendas y ciclos heroicos. Respecto a estos últimos dice Grimal que "todos los pueblos los tejen en un momento de su evolución, es decir, relatos maravillosos en los cuales creen por un tiempo, al menos en cierto grado. Lo más frecuente es que las leyendas pertenezcan al dominio de la religión porque hacen intervenir fuerzas o seres que se consideran superiores a los humanos. Estas se presentan como un sistema más o menos coherente de explicación del mundo; cada una de las proezas del héroe, cuya hazaña se cuentan, lo presentan como un creador y repercuten en el universo entero".

 

Sabemos que los cretenses practicaban juegos de habilidad con toros, saltando sobre el lomo de los animales en el momento de la embestida. El toro de Minos, el Minotauro, podría ser la variación de la práctica ancestral.
Por otra parte, en Grecia hacia los siglos XII al VIII A.C. la escritura no había surgido y el acerbo cultural se transmitía oralmente. ¿Cómo no sacralizar esta necesidad concediendo el don de la memoria a Mnemosyne a quien debía invocarse para recordar las grandes gestas? Precisamente la Ilíada , poema ágrafo, comienza con una invocación a la Musa ante la inmensidad que se apresta a ser cantada.

 

Ahora, la cultura griega veía las relaciones de los hombres entre sí y con el medio ambiente en términos de un conflicto permanente. "Juzgaba el comportamiento humano según unas pautas que aprobaban la defensa a ultranza del <<honor>>, de la posición social y <<la dignidad>>, contra cualquier insulto o humillación (real o imaginada) y aceptaba, en el teatro , con comprensión apasionada, todas aquellas obras cuyo motivo cultural era la venganza violenta y el desquite, tanto sobrenaturales como humanos". Es natural entonces que entre las deidades figuren seres como Ares, numen de la guerra ; que Hera decida fastidiar a Hércules producto de su ira contra Zeus; que Atenea posea un espíritu guerrero; que Apolo y Artemis sean eximios en el manejo del arco; que Afrodita, Atenea y Hera entren fácilmente en una disputa por su belleza que termina involucrando a los aqueos y troyanos.
En el mito se exalta lo bello, lo fuerte, lo apto. La vida. Para los griegos "… el más terrible de los males era cualquier apariencia de fracaso, de debilidad o dependencia".

 

En fin, se observan sincronías en las prácticas y el ser monstruoso; en la necesidad y la existencia de una deidad protectora que la supla; de una característica cultural que posee su correspondencia en el Olimpo.
Frente a este tipo de semejanzas suelen tejerse las teorías que gravitan en torno al mito y allí es necesario optar por la mesura. No puede pensarse que cada relato y episodio se estructura sobre un hecho cognoscible; hacerlo significa negar el asombro del mito frente a "lo otro", lo extraño que no sólo incluye lo inexplicable del mundo externo sino lo confuso del interno.
La extrañeza y el desconocimiento engendran un orden dentro del mito. Los dioses poseen apetitos como los individuos pero el hecho de estar distribuidos en una familia , Zeus a la cabeza, supone la presencia de un Orden. El mito prefigura un Cosmos, no un Caos.

 

"Dos rasgos caracterizan el nuevo pensamiento griego, en la filosofía. Por una parte el rechazo, en la explicación de los fenómenos, de lo sobrenatural, de lo maravilloso. Por otra parte, la ruptura con la lógica de la ambivalencia; la búsqueda, en el discurso , de una coherencia interna, a través de una definición rigurosa de los conceptos, de una neta delimitación de los niveles de la realidad, de una estricta observancia del principio de identidad ". Siguiendo la convención que señala al nacimiento de la filosofía junto a la muerte del mito, el triunfo de la razón, se asiste a la aparición de toda una lógica encargada de construir sobre la negación. El propósito aquí no es detenernos en el pensamiento racional pero a partir de este punto es posible señalar aquellos juicios emitidos en detrimento del mito. La profundización que del tema se ha hecho permite exponer los argumentos empleados en su contra (el enunciado evidencia el error como se verá).

 

Es importante advertir a su vez que "el mito se opone al logos como la fantasía a la razón, el texto que relata, al que demuestra". Pero esa oposición no tiene por qué suponer necesariamente la negación de uno de los dos. Cada uno posee rasgos característicos, preocupaciones, procedimientos: lo que juzgo conveniente anotar es que el pensamiento racional se reconoce a sí a través de la negación de lo otro.

 

Con Evémero se funda ya hacia el siglo VI A.C. una interpretación del mito que, casi siempre bajo desaciertos, pretende entender los relatos a la luz de la razón sin apelar a otro medio que ésta. El evemerismo pretendió que los Dioses fueran grandes hombres del pasado sublimados por sus grandes actos. En este razonamiento opera la negación de lo fabuloso y fantástico, impidiendo cualquier tipo de oportunidad dentro del pensamiento mítico.

 

En la Edad Media el simbolismo quiso explicar el pensamiento mítico como una forma insipiente y rudimentaria de filosofía. Decían –luego en el siglo XIX Creuzer se sumó al debate - que los pueblos de la antigüedad no podían acceder al conocimiento completo de las cosas y por tanto se presentaban ante ellos nociones difusas que transformaban en mitos . El error vendría luego por parte de quienes interpretaron los textos observando en ellos presencias del orden fantástico.

 

Con el Racionalismo del siglo XVIII la preocupación vuelve a hacerse manifiesta: aparecen con él y después de él los trabajos de los enciclopedistas, del lingüista Max Müller, del antropólogo Lèvy-Strauss y del mismo Sigmund Freud .

 

Para el lingüista Müller las divinidades eran originariamente nombres dados a las fuerzas naturales; antes ya se habían atribuido los nombres a los animales que supuestamente se erigirían en motivo de culto. En general los racionalistas terminan juzgando el Mito como una forma menor de pensamiento, como la expresión de pueblos involucionados, como la materialización de la ignorancia. Afirmar que tienen razón significa, dice Octavio Paz , aceptar que el tiempo es lineal, conceder que el mundo evoluciona, recibir al espíritu positivista creyente en el progreso, valorar lo antiguo sólo en relación (y comparación, y juicio) con el presente.

 

Vernant ha intentado, no sé si conciliar, pero al menos profundizar ambos conceptos diciendo que "(…) las cosmologías de los filósofos reinterpretan y prolongan los mitos cosmogónicos. Ellas suministran una respuesta al mismo tipo de cuestión: ¿Cómo un mundo ordenado ha podido emerger del Caos? Ellas utilizan un material conceptual análogo: detrás de los "elementos" de los filósofos jonios, se perfila la figura de antiguas divinidades de la mitología ".

 

El Mito se introduce en la ciencia moderna a través del psicoanálisis , se hace presente en el poema, es anunciado cuando surge el problema de "lo otro". No puede el pensamiento racional anularlo porque se conserva indemne en la figura de lo irracional emanado por cada individuo.

 

Terminamos diciendo junto a Barthes: "La narración de los acontecimientos pasados que habitualmente en nuestra cultura, a partir de los griegos, está subordinada a la sanción de la "ciencia " histórica, colocada bajo la imperiosa caución de lo "real", justificada por principios de exposición "racional", ¿difiere verdaderamente en algún rasgo específico, en una pertinencia indudable, de la narración imaginaria tal como puede encontrarse en la epopeya, la novela y el drama?

 

 

 



El legendario Titanic


Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

Abril / 2008

 
Finalmente parece que se sabe la verdad.  Tras tantos años de inquietudes e investigaciones encontraron que el uso de remaches de mala calidad sería la razón por la cual el barco zozobró 96 años atrás al estrellarse con un iceberg. .

Finalmente, Jack Dawson puede descansar en paz en las frías profundidades del océano Atlántico. Y su amada Rose ya tiene a quien culpar por el fallecimiento del amor de su vida.

Aunque Jack y Rose son personajes ficticios convertidos en héroes en la cinta "Titanic", del director James Cameron, son el referente más reciente de una de las tragedias más recordadas del mundo: el hundimiento del Titanic.

Al cumplirse 96 años de ese funesto suceso, dos científicos estadounidenses presentaron un libro en el que sostienen que el uso de materiales de baja calidad, la contratación de trabajadores con pocas destrezas y la prisa con la que se quiso construir el Titanic y su dos naves hermanas, el Olympic y el Britannic, fueron una mezcla letal que causó su hundimiento durante su viaje inaugural el 15 de abril de 1912.

Tras 10 años de trabajo, los doctores Jennifer Hooper McCarthy y Tim Foecke, autores del libro What Really Sank The Titanic (¿Qué fue lo que realmente hundió al Titanic?), hallaron que los remaches de hierro que se usaron para armar las piezas del barco no eran de la mejor calidad.

Asimismo, mencionan que los fabricantes, la compañía astillera Harland and Wolf, no contó con suficientes remaches de hierro, por lo que tuvieron que buscar otros suplidores, que no eran los mejores, para poder terminar los barcos.

Entrevistados por el periódico The New York Times, McCarthy y Foecke explicaron que estudiaron unos 48 remaches de hierro hallados en el fondo del mar y los compararon con otros remaches de esa misma época.

Verificaron documentación de los archivos de Harland and Wolf y de otros ingenieros y constructores de embarcaciones.

El equipo también descubrió que Harland and Wolf enfrentó una escasez de buenos remachadores por lo que contrato personal que no era el adecuado.

Por otro lado, sólo utilizaron remaches de hierro, que eran más resistentes que los de acero, en el casco central, área que ellos consideraron que recibiría el mayor impacto.


Colombia se niega a pagar indemnización

 

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

Abril / 2008

                                                                                                                       

 

El presidente Álvaro Uribe rechazó otorgar una indemnización a las familias de los mexicanos que se encontraban el primero de marzo en el campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarios de Colombia (FARC) en Ecuador que fue bombardeado por el Ejército colombiano.

 

"Yo ya había oído que disparaban hacia heridos y pensé que me iban a matar allí", comentó Lucía Morett, víctima del ataque.

 

Uribe desmintió así a su propio canciller Fernando Araujo, quien horas antes, dijo que Colombia aceptaba la solicitud del gobierno mexicano de resarcir los daños. La postura de la Casa de Nariño, sede de la presidencia de Colombia, es contundente: "no hay razón alguna para que el gobierno pague indemnizaciones por acciones legítimas de la fuerza pública contra grupos terroristas".

 

Esta respuesta ocurre un día después de que los familiares de los cuatro mexicanos fallecidos en el bombardeo y la única sobreviviente Lucía Morett se entrevistaron con el subsecretario de Relaciones Exteriores, Gerónimo Gutiérrez, para expresarle sus demandas.

 

"Nosotros pedimos, antes que nada, reivindicar a nuestros hijos, que no se les tache de guerrilleros, ni delincuentes y en segundo término, que se nos haga justicia. Son las dos principales demandas que hicimos", dijo Rita del Castillo, madre de Juan González del Castillo.

 

Fueron necesarias casi tres horas de pláticas con el subsecretario para lograr un consenso sobre el comunicado que emitió la noche del jueves la cancillería.

 

"Ellos habían hecho un borrador propio y pensamos que debían manifestar nuestras peticiones que no solamente fuera la visión de ellos y vimos punto por punto hasta que pudo salir un comunicado", manifestó Álvaro González, padre de Juan González del Castillo.

 

Mientras tanto, la mexicana Lucía Morett permanece convaleciente en un hospital de Quito en espera de que el gobierno ecuatoriano responda su solicitud de refugio.

 

La verdad es que, dígase lo que se diga, el grupo de seudo estudiantes mexicanos no estaban en el campamento guerrillero-terrorista por casualidad ni, obviamente, para rezar el rosario.  La posición del gobierno colombiano, les guste o no les guste a los familiares, tiene todo el derecho, porque le asiste la razón, a negarse a pagar indemnización alguna.

 



El futuro de las ideas socialcristianas

 

Por: Querien Vangal

Abril / 2008

 

En un México que se transforma vertiginosamente con una democracia naciente y en un proceso de transición, el papel de los políticos con un compromiso serio frente al bien común es relevante. En esta reflexión, Carlos Abascal, ex Secretario de Gobernación, un político de convicciones, comparte su visión de la política en un mundo plural.

 

La pregunta es clara; tiene una respuesta teórica sencilla, aunque la puesta en práctica es desafiante; ¿cómo defender y promover las ideas socialcristianas en un mundo caracterizado por la pluralidad y la diversidad de opiniones, posturas, convicciones y confesiones religiosas?

 

Procuraré dar una respuesta a la pregunta desde una perspectiva práctica. Llevo varias décadas en la lucha cívico-política y cada nueva experiencia complementa mi respuesta pues sigo aprendiendo.

 

En ningún caso podemos plantear el tema como algo teórico o que solo pertenece al mundo de las ideas. Coincido con el gran filósofo Chesterton: "todo buen pensamiento que no se convierte en palabras es un mal pensamiento, y toda buena palabra que no se vuelve acción es una mala palabra

 

Parafraseando a Chesterton: Todo buen pensamiento que no se convierte en palabras es un pensamiento imperfecto y toda buena palabra que no se vuelve acción es una palabra estéril. No pretendo desarrollar grandes teorías filosóficas busco ser más testigo que otra cosa -hay otros que lo harán mejor que yo-. Quiero destacar algunos puntos emanados del magisterio social de la Iglesia Católica, a la cual me honro en pertenecer, y de ciertos pensadores humanistas que han marcado mi actuación como político.

 

Quiero comenzar subrayando que los fieles laicos tenemos la obligación de participar en política. Así nos lo recuerda Su Santidad Juan Pablo II en la exhortación apostólica Post-sinodal Christifideles Laici. Ahí nos dice que: "nuevas situaciones, tanto eclesiales como sociales, económicas, políticas y culturales, reclaman hoy, con fuerza muy particular, la acción de los fieles laicos. Si el no comprometerse ha sido siempre algo inaceptable, el tiempo presente lo hace aún más culpable. A nadie le es lícito permanecer ocioso (1)

 

A nadie le es lícito permanecer ocioso. ¡Que fuerza tiene esta frase! A través de ella el Santo Padre nos hace ver que como fieles laicos no podemos mantenernos en nuestra casa, que estamos llamados a ser obreros en su viña, que no debemos incurrir en uno de los pecados más graves para un cristiano: el de omisión.

 

Asimismo el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia afirma que "la participación en la vida comunitaria no es solamente una de las mayores aspiraciones del ciudadano, llamado a ejercitar libre y responsablemente el propio papel cívico con y para los demás, sino también uno de los pilares de todos los ordenamientos democráticos, además de una de las mejores garantías de permanencia de la democracia".

 

Frente a nosotros tenemos un mundo que dista mucho de ser homogéneo o uniforme. Se nos presenta una sociedad expectante, necesitada tanto de soluciones a sus problemas más sentidos como de una guía espiritual. Conviene advertir, entonces, que las comunidades que integran nuestras sociedades no pueden entenderse ya sólo como un gran todo social. Por el contrario, nos desarrollamos en un mundo que es diverso, en el que impera la pluralidad. Así, el diálogo emerge ya no solamente como un deber ético, sino como una verdadera necesidad para poder llegar a certezas comunes con quienes no comparten nuestra forma de pensar.

 

Los católicos hoy vivimos, actuamos y nos desarrollamos en el contexto de las sociedades plurales. A esa pluralidad debemos verla simplemente como el signo de nuestros tiempos en una era en la que el ser humano es incapaz de procesar todos los estímulos que recibe a través de los medios masivos electrónicos, el Internet, el cine, la mercadotecnia. La pluralidad de nuestros tiempos se parece más a la ausencia de ideas propias o a la aceptación irreflexiva de propuestas carentes de valor antropológico. Y justamente, buena parte de nuestra contribución a la sociedad moderna, consiste en llevar el mensaje del humanismo trascendente en medio de esta realidad. Ese es un esfuerzo que en no pocas ocasiones ha sido encabezado por políticos cristianos. Me viene a la cabeza el ejemplo de Konrad Adenauer, de Robert Schuman o de Alcides De Gasperi, quienes levantaron una nueva institucionalidad en Europa y tendieron puentes de acuerdo entre sociedades agraviadas y enfrentadas por conflictos muchas veces ancestrales.

 

El diálogo ha sido, el factor por excelencia que ha permitido a las nuevas democracias consolidarse como sociedades más humanas.

 

 LA MODERNIDAD, SU CRISIS Y LA REACCIÓN POSMODERNA

 

La época que nos ha tocado vivir está marcada por la crisis de la modernidad. Este término, "modernidad", agrupa diversas corrientes de pensamiento, producto de la Ilustración, cuya esencia es la concepción del hombre y de la sociedad como liberadas de toda referencia a una realidad trascendente. Esta cosmovisión inmanentista y secularista tiene una confianza casi absoluta en que el conocimiento racional y científico le garantizará a la humanidad un proceso creciente de bienestar material y de progreso. La ética se convierte en algo totalmente subjetivo, pluralista, que ha superado los prejuicios religiosos, y la política emerge como algo absolutamente secularizado, que habrá de llevar a los pueblos a un desarrollo lineal.

 

Pero esa modernidad, en la que están inspiradas diversas ideologías como el liberalismo o el marxismo, y que sirvió de faro tanto a izquierdas como a derechas, hoy está en crisis. Sus teorías, sus principios y sus valores entraron en cuestionamiento desde la realidad social misma. Además de que no cumplió con la promesa de una sociedad libre del flagelo de la pobreza y la inequidad, y gobernada por la luz de la razón, la modernidad, paradójicamente, no resolvió los ideales de libertad, igualdad y fraternidad que planteaba desde sus versiones de la izquierda y la derecha.

 

La experiencia histórica nos demostró, no sin dramatismo y muerte, que hasta los medios mas racionales pueden estar al servicio de los fines más irracionales, y así vimos pasar frente a nosotros guerras fratricidas, armas de destrucción masiva, depredación del medio ambiente o corrupción criminal. Los avances tecnológicos, producto del desarrollo de la ciencia, no siempre se tradujeron en herramientas a favor del hombre, sino que en no pocas ocasiones se revirtieron en su contra y se convirtieron en sus peores enemigos.

 

Frente a esta modernidad declinante y en crisis surge la etapa posdemocrática que muchos llaman "posmoderna". Ésta no cuestiona las premisas de la modernidad pero critica su proyecto, al que acusa de no haber logrado la emancipación humana. El pensamiento postdemocráctico, posmoderno, sin proponer realmente una agenda de cambio, postula una ruptura con el orden disciplinario y convencional de la modernidad, desconfiando de sistemas y de absolutos. Los individuos ya sólo quieren vivir el presente, y el futuro, sobre todo el colectivo, pierde importancia. Los estados toman decisiones que destruyen la premisa democrática fundamental: la igualdad esencial de todos los hombres expresada en los derechos universales del hombre, por ejemplo, mediante el aborto. Las democracias más "avanzadas" suponen que pueden imponer la democracia a todos los pueblos; la libertad que es como la sangre que circula por el organismo democrático se ha tornado libertinaje; la pretensión de dominio de los estados democráticos más fuertes, pasa por encima de cualquier principio democrático para alcanzar su propósito. La participación ciudadana, pilar de la democracia, va siendo relegada en aras del interés económico de las grandes corporaciones y del poder creciente de los medios masivos de comunicación.

 

Es la época del desencanto, de la negación de la política, de la desilusión por el porvenir. El desvanecimiento de las ideas conduce a un secularismo crudo, desnudo, y a una ética acérrimamente individualista y hedonista, donde lo que se pretende es maximizar el placer y la utilidad. Se renuncia a los ideales. Es el tiempo del relativismo, del culto al cuerpo, del consumismo, del desarraigo. Algunos autores, como Lipovetsky, incluso la han considerado como la era del vacío, como el imperio de lo efímero (2)

 

Se exalta la pluralidad ética como valor absoluto y, en no pocas ocasiones, se exige como requisito para poder convivir en ella la renuncia a los principios propios, los cuales son considerados como fuente potencial de conflictos o intolerancias.

 

Hoy, nos dice Rodrigo Guerra, los políticos han ingresado en la moderación y hasta en el escepticismo respecto del valor de los contenidos ideológicos, y han girado hacia la búsqueda de la pragmatización de las propuestas de acción política, generando un debilitamiento de las aspiraciones democráticas de la sociedad y una anomia ideológica acompañada por un pragmatismo utilitarista (3)

 

 

EL PAPEL DE LOS CATÓLICOS Y EL FUTURO DE LAS IDEAS SOCIALCRISTIANAS

 

Ante esta situación, no debe extrañarnos que el cristiano, sobre todo aquél que ha decidido participar en la vida pública, experimente un sentimiento de gran perplejidad, cuando no de franca vacilación. Surgen inevitablemente las preguntas: ¿qué debe hacer el cristiano que actúa en política? ¿Cuál es el futuro de las ideas humanistas de inspiración cristiana en un mundo fragmentado, escéptico, confuso?

 

En México durante décadas estaba prácticamente prohibido asumirse como católico en la vida pública. Los católicos, siendo una gran mayoría, estábamos casi condenados a la clandestinidad. Desde la segunda mitad del Siglo XIX, se impuso un laicismo fanático, intolerante, que reducía los valores cristianos únicamente a la esfera de lo privado, y a veces ni siquiera ahí se les permitía desarrollarse con libertad, produciendo una verdadera esquizofrenia social.

 

Pasó entonces lo imaginable: los católicos, como bien señaló alguna vez Carlos Castillo Peraza, sucumbimos al complejo de pieles rojas: en la reservación nos poníamos las plumas y los mocasines e invocábamos al Gran Espíritu, pero después derrotados por la modernidad liberal, nos disfrazábamos de blancos para vivir tranquilos, sin temor a la burla y al adjetivo.

 

Esto hizo que surgieran dos posiciones. Primero, la del católico acomodaticio que, acomplejado e incapaz de dar respuesta a la modernidad ilustrada, optó por disolverse en ella, reduciendo su identidad a la vida privada y anónima, estableciendo una separación radical entre su fe y sus valores y las instituciones públicas. Frente a este cristianismo anónimo se levantó la postura integrista, igualmente ineficaz, que decidió vivir en el gueto, atrincherada, olvidada de un mundo del cual no se sentía parte y que lo podía contaminar.

 

Así pues, se cometieron dos excesos, la disolución del catolicismo en la cultura moderna, hedonista, materialista y pragmática, y el congelamiento inmovilista del cristiano frente al mundo moderno.

 

Pero pareciera que éste no fue un fenómeno exclusivo de mi país. Los católicos, como lo señaló José Luís Aranguren, oscilamos del rechazo total de la cultura moderna, a su aceptación total indiscriminada y a la consecuente marginación de nuestra historia y de nuestros valores. Esto como producto, en buena medida, de las presiones de cierta intelectualidad laicista que ha pretendido imponer la idea de que la fe está completamente separada del mundo y que no tiene nada que ver con la historia. No es exagerado afirmar que el significado de las palabras de Jesús en el Evangelio, "dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios", ha sido tergiversado y manipulado por unos y otros para expulsar a Cristo de la historia.

 

¿Cómo actuar, entonces, en un mundo que como ya se mencionó, presenta retos inéditos y especialmente complejos para quienes aceptan ser luz del mundo y sal de la tierra en la vida pública? Nuestro reto es hacer lo que nos toca hacer, sin miedo, sin desmayo.

 

DESAFÍOS PARA EL CRISTIANO

 

Por otra parte, es necesario reconocer que la pluralidad y la necesidad del diálogo traen consigo varios desafíos para los cristianos. El principal de ellos es aceptar a la otra persona, ver en ella a Cristo mismo, considerarlo como nuestro prójimo, respetar su dignidad. Más que tolerancia, el cristiano debe tener solidaridad. Más aún, a la luz del mandamiento del amor, el cristiano debe promover el amor en la vida pública, en especial en la política.

 

Pero no debe confundirse la necesidad de dialogar con el equívoco y relativista argumento de que todas las ideas son verdaderas o, peor aún, que ninguna de ellas lo es. Hay ideas verdaderas e ideas falsas; sin embargo todas las personas son verdaderamente personas. Las ideas se defienden, se argumentan, se difunden y se contrastan. A las personas se les respeta siempre. La pluralidad no puede significar nunca la renuncia a las propias convicciones. ¿O acaso puede generarse una vida democrática a partir del escepticismo, es decir, de la afirmación de que no es posible acceder a la verdad o de la negación de que la verdad existe? Desde luego que no. Cito nuevamente a Carlos Castillo Peraza: "si mi verdad y tu verdad son lo único; si no se afirma que existe la verdad, entonces lo verdadero va a ser decidido por el más fuerte y sobrevendrá la opresión".

 

Y es que la democracia necesita de valores absolutos para existir. El relativismo intelectual o moral, manipulable además por las "mayorías", es el fundamento de la postdemocracia que acabará siendo antidemocracia.

 

Sólo desde la identidad propia es posible dialogar con quienes no piensan como uno. Solo dejando atrás los complejos y teniendo seguridad en lo que se afirma, es como uno puede ser válido interlocutor con la contraparte. La política requiere superar el escepticismo pragmático y responder a las preguntas que están en boca de los ciudadanos.

 

En la encíclica Sollicitudo Rei Sociallis, Juan Pablo II nos dice que el católico debe luchar porque su propia visión pueda ser considerada tan valiosa como cualquier otra en la edificación de las estructuras políticas, en la formulación de las decisiones de las que depende el desarrollo y, en consecuencia, la paz. Dicho de otro modo: al mismo tiempo que debe actuar en el seno de una sociedad plural, debe rechazar esa supuesta "modernidad" que identifica lo público con lo estatal y que atribuye de manera única al Estado la fundación axiológica y jurídica de la convivencia humana, generando así un laicismo intolerante e irrespetuoso con la verdadera libertad religiosa.

 

Y esas decisiones pendientes en las que tenemos el deber de influir, implican asumir el reto de poner a la persona humana en el centro del desarrollo:

 

1.- La defensa de la sacralidad de la vida humana.

2.- La promoción de la familia, comunidad estable de amor entre una mujer y un hombre.

3.- La eliminación de la miseria y la reducción de la pobreza.

4.- El respeto a los Derechos Humanos: Niñas, niños, mujeres, migrantes.

5.- La consolidación de la paz: contra la violencia y el terrorismo.

6.- La lucha contra causas de mayor mortalidad infantil y materna VIH-SIDA.

7.- El acceso de todos a salud básica y medicinas.

8.- La conservación y protección del entorno.

9.- La aplicación de la Ley y de los tratados con pleno respeto al orden natural.

10.- La matriculación universal en educación básica y la elevación de la calidad contenidos y la formación en valores morales.

11.- La eliminación de cualquier forma de discriminación.

12.- Alianzas globales para la competitividad compartida y tecnología compartidas.

13.- El fortalecimiento y, en su caso, la recuperación del sentido social de medios masivos.

14.- El fortalecimiento de la identidad cultural de todos los pueblos.

 

No podemos, desde la perspectiva de la fe, dejarnos asfixiar por la estridencia de las diversas voces de la sociedad contemporánea, so pena de quedarnos inmóviles, en medio de los escollos, los peligros y los límites que la situación nos muestra. Los católicos que actuamos en política debemos participar, plenamente, con identidad propia, del universo de las decisiones políticas, sin nostalgias de confesionalismo estatal y sin los complejos de quien se siente fuera del mundo y fuera de época. ¿Cómo podríamos los cristianos estar fuera de época y del mundo si el Maestro es quien ilumina todos los tiempos, pues Él es el único camino, verdad y vida?

 

Lo que está en juego es el bien común. Para avanzar en su edificación, debemos postular el primado de la política como ciencia, arte y virtud, que mediante el diálogo, construye las condiciones adecuadas para propiciar la plena realización temporal de las personas y para propiciar también la expansión del espíritu en un marco del pleno respeto y promoción de los derechos humanos.

 

Sin embargo, hay que enfatizar que si la política parte de una concepción mutilada del ser humano, acabará por ser su adversaria y opresora. Como afirma la Doctrina Social de la Iglesia "una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana".

 

El humanismo cristiano, filosofía y revelación, afirma que la persona humana, espíritu encarnado o cuerpo espiritualizado, está dotada de inteligencia para conocer la verdad, y de voluntad para adherirse a ella y hacerla su bien; posee conciencia para discernir el bien y el mal; es individuo desde su concepción, hasta su muerte natural, único e irrepetible y, al mismo tiempo, de naturaleza social; es libre con responsabilidad; está dotada de la capacidad de amar; está ordenada hacia su bien por medio de principios morales escritos en su corazón; está protegida por derechos humanos anteriores y superiores al Estado; está llamada a la felicidad temporal y eterna; está revestida de una dignidad infinita por haber sido creada a imagen y semejanza de Dios.

 

El humanismo cristiano, afirma que la persona es principio y fin inmediato de la familia y del Estado. Esta aportación constituye un patrimonio ético que va más allá de las fronteras de la Iglesia Católica y ofrece un terreno común de convivencia a quienes no comparten la fe. Supone considerar a la persona como poseedora de una dignidad y de un valor absoluto incuestionables en todas las etapas de su vida, desde el momento mismo de su concepción. De esta visión se derivan obligaciones prácticas específicas, como el diseño de políticas públicas que respeten y promuevan esta noción de persona en y desde la familia, a partir de los principios básicos de la convivencia humana: la solidaridad, la subsidiariedad, la participación, la justicia, el bien común.

 

La Doctrina Social de la Iglesia ante los retos del Tercer Milenio, nos enseña que los laicos en democracia y en política, deben recurrir a los siguientes criterios fundamentales: "la distinción y a la vez la conexión entre el orden legal y el orden moral; la fidelidad a la propia identidad y, al mismo tiempo, la disponibilidad al diálogo con todos; la necesidad de que el juicio y el compromiso social del cristiano hagan referencia a la triple e inseparable fidelidad a los valores naturales, respetando la legítima autonomía de las realidades temporales, a los valores morales, promoviendo la conciencia de la intrínseca dimensión ética de los problemas sociales y políticos, y a los valores sobrenaturales, realizando su misión con el espíritu del Evangelio de Jesucristo".

 

Así, las ideas socialcristianas fundadas en la filosofía, la sociología, la historia y las ciencias en general, deben ser una fuente de vida, en un mundo no pocas veces dominado por la cultura de la muerte; de ellas debe brotar esperanza, ilusión y pasión por un mundo mejor. Necesitamos formar una juventud llena de ideales y de esperanza, a partir de un realismo sereno. Una juventud sin ideales de amor, justicia y orden es una juventud decadente, valga la contradicción. Y es que los ideales son la adrenalina del espíritu. Son estas ideas, sostenidas y vividas por los laicos comprometidos, precisamente desde su laicidad, las que deben contribuir a la humanización de este mundo convulso, de realidades descarnadas, de necesidades sociales cuyo alivio no admite dilación. Llevando el pensamiento socialcristiano al diálogo con otros actores sociales y políticos y, al mismo tiempo, proyectándolo en la forma de nuevas iniciativas de leyes y de políticas públicas de nuestro tiempo, lograremos una verdadera humanización de la sociedad en dos niveles necesarios: el nivel de la conciencia que necesita esperanza en el futuro y el nivel de las condiciones sociales que tanto pueden y deben mejorar la situación material y espiritual de todas las personas, en particular la de los más pobres, la de los más débiles, quienes les fueron especialmente encomendados al hombre.

 

 

QUIERO COMPROMETERME CON UN CONCEPTO DE LÍDER

 

LIDER es quien inspira y guía a un grupo humano para conjugar de forma solidaria y subsidiaria el ejercicio de la libertad de los seguidores (voluntades y talentos) con la capacidad de concebir y transmitir un ideal realizable para que el grupo humano alcance (eficacia) su bien común armónico con el de la sociedad en el Estado mediante su capacidad (la del LIDER) de amar, saber y servir.

 

Este tipo de liderazgo hará especialmente amable nuestra propuesta humanista trascendente.

 

Ese es el esfuerzo que estamos haciendo en México a través del Partido Acción Nacional y en el continente a través de la Organización Demócrata Cristiana de América. Ambas instituciones se asumen como instrumentos para servir desde una dimensión ética a la humanidad, en orden al bien común desde el centro político humanista. Asumimos como una nueva tarea la consolidación de una democracia justa y eficaz a partir de la generación de una cultura de pensamiento socialcristiano, desde gobiernos humanistas y de comunidades dispuestas a ampliar con libertad sus convergencias, reiterando nuestro reconocimiento a la pluralidad social y aceptando el compromiso de ser vínculo incluyente para la diversidad cultural de nuestros pueblos.

 

Juan Pablo II nos recordó, enfáticamente, el ¡no tengáis miedo! Hoy más que nunca es esta la actitud con la que debemos enfrentar los retos. Quiero recordar también un pensamiento contenido en la encíclica Sollicitudo Rei Sociallis, de este Papa tan extraordinario que marcó mi generación y que inspiró la vocación política de muchos, desde luego la mía:

 

"No se justifican ni la desesperación, ni el pesimismo, ni la pasividad. Aunque con tristeza, conviene decir, que así como se puede pecar por egoísmo, por afán de ganancia exagerada y de poder, se puede faltar también-ante las urgentes necesidades de unas muchedumbres hundidas en el subdesarrollo- por temor, indecisión y, en el fondo, por cobardía. Lo que está en juego es la dignidad de la persona humana, cuya defensa y promoción nos han sido confiadas por el Creador, y de las que son rigurosa y responsablemente deudores los hombres y las mujeres en cada coyuntura de la historia. Cada uno está llamado a ocupar su propio lugar".

 

La crisis de la posdemocracia es, a mi juicio, evidente; pero es también evidente un renacimiento del humanismo cristiano con el que cada vez más personas, cristianos y personas de buena voluntad, se comprometen.

 

No quiero concluir sin hacer una última reflexión. El cristiano suele incurrir en una pasividad inadmisible, o por la ley del menor esfuerzo, o por un providencialismo inaceptable.

 

El reto del cristiano consiste en hacer todo, con alegría, como si todo dependiera de él, y en confiar en Dios todo, con abandono, porque todo depende de El.

 

Esta actitud compromete al cristiano para trabajar primero que nada en su propia y constante transformación. El cambio del mundo comienza por el cambio del propio corazón.

 

El cristiano cuenta con la gracia, que sobreabunda por los canales del Amor, para salir fortalecido al mundo para cumplir con su misión de ser sal de la tierra y luz del mundo

 

 



China decide ‘aplastar’ las protestas


Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

Abril / 2008

 

El diario principal del Partido Comunista chino, órgano oficial del gobierno, instó el sábado a "aplastar resueltamente" las protestas antigubernamentales de los tibetanos, mientras el candidato presidencial estadounidense John McCain censuró las acciones de Beijing por considerarlas "inaceptables".

 

Los comentarios de McCain se sumaron a un coro internacional de preocupación por la represión china, críticas a las que Beijing ha replicado con su propia campaña para convencer a la opinión pública de que las protestas fueron instigadas por partidarios del exiliado líder tibetano, el Dalai Lama.

 

Mientras tanto, la cifra oficial de muertos en los disturbios de la semana pasada en Lhassa, la capital del Tíbet, se elevó, después que la agencia noticiosa Xinhua informó que otros cinco civiles y un policía murieron. El gobierno en el exilio del Dalai Lama aseguró que 99 tibetanos han muerto, 80 en Lhassa y 19 en la provincia de Gansu.

 

Las protestas, que comenzaron en Lhassa el 10 de marzo en el aniversario de un fallido levantamiento contra el régimen chino, se tornaron violentas cuatro días después y provocaron manifestaciones de tibetanos en otras tres provincias. Constituyen el principal desafío al control chino del Tíbet desde el levantamiento de 1959.

 

Beijing ha saturado la región tibetana con soldados y ha difundido una lista de los "más buscados", 21 manifestantes, instando a los residentes a delatarlos y entregarlos.

 

"Debemos aplastar resueltamente la conspiración de las fuerzas por la independencia del Tíbet", dijo en un editorial el Diario del Pueblo.

 

En Berlín, el presidente del Parlamento Europeo dijo que los países europeos no deberían descartar un boicot a los Juegos Olímpicos de Beijing si continúa la violencia en el Tíbet. "Beijing debe decidir por sí mismo si debería negociar inmediatamente con el Dalai Lama", dijo Hans-Gert Poettering, según las ediciones sabatinas del diario alemán Bild am Sonntag. "Si no dan señales de compromiso, considero justificadas las medidas de boicot".

 

Durante una visita a París el viernes, McCain dijo: "El pueblo allí está sometido a un maltrato que no es conducta aceptable para una potencia mundial como es China", dijo McCain en respuesta a una pregunta de un reportero chino.