viernes, 15 de enero de 2010

Revaluemos a la familia para salvar a la sociedad

Por: Querien Vangal

Enero / 2008

 

Cuando una sociedad comienza a perder sus valores, podemos empezar a hablar de su agonía. Los rasgos de esa agonía son fácilmente identificables: aumento de la violencia intrafamiliar, inseguridad social, matrimonios deshechos, hijos abandonados, embarazos de adolescentes, irresponsabilidad, abortos, suicidios, drogadicción… Es una agonía triste y trágicamente dolorosa.

 

Cada uno de esos factores no son abstractos sino que tienen nombres y apellidos concretos; a veces los vemos en la televisión, otras veces los escuchamos en la radio, otras más los leemos en la prensa o, quizá, conocemos casos de personas o familias si no es que nosotros mismos lo estamos viviendo.

 

¿Qué está detrás de esta agonía? La crisis de las virtudes y de los valores. Virtudes y valores como el respeto, la justicia, la fuerza de voluntad, la unidad, la responsabilidad, la continencia, la madurez, la esperanza y muchas otras están a la baja no porque hayan perdido su valía sino porque se les ha vaciado de sentido, se les ha relegado o se la hecho aparecer como aburridas o anticuadas.

 

Ciertamente la crisis de los valores no es algo aislado, es la consecuencia de algo aún más profundo: la crisis de la familia. Y es que si la familia está mal, todo en la sociedad lo estará pues la familia es su núcleo vital, su centro natural. Natural porque, lo sabemos, sólo de la unión de un hombre con una mujer nace una nueva vida. Si la raíz del árbol está mal, lo estarán también el tronco, las ramas y las hojas.

 

La familia es una escuela de virtudes y valores; en ella aprendemos las nociones del bien y del mal, del respeto, la madurez, la ecuanimidad, la coherencia, el amor, etc. ¡Recordemos, tengamos presente la belleza de la familia, lo que supone la unidad familiar! No podemos perder el sentido del aprecio hacia esa belleza que nos hace valorar más a la verdadera familia.

 

¿Quién no se siente edificado por esas familias donde el padre y la madre se aman fielmente y con detalle? ¿Qué padre o madre no experimenta el dulce sabor interior al escuchar por vez primera el "papá" o "mamá" del hijo que empieza a balbucear sus primeras palabras? ¿Cuántos hijos hemos agradecido la cercanía de nuestros padres en los momentos de dolor y alegría, justo cuando los necesitábamos? ¿Cuánto hemos aprendido del testimonio vivo de nuestras familias desde la tierna infancia? ¿Quién no valora la caricia materna, el consejo de papá, la cercanía de los hermanos, el afecto de los abuelos, la amistad de los primos, el amor de la esposa, el apoyo de los tíos, la filial y sana dependencia de los hijos?

 

Conforme han ido pasando los años, muchas de las sanas costumbres y perennes valores han decaído a consecuencias de un falso progreso. Las consecuencias más visibles de esa herida a la familia las estamos viviendo en nuestra sociedad al grado de hablar incluso de esta agonía.

 

¿Todo está perdido entonces? No, no lo está. ¿Qué se puede hacer? ¿Cómo se puede actuar? Es verdad que las agonías son la antesala de la muerte, pero no es menos verdad que los milagros existen. Y en el caso concreto del tema de la familia nosotros podemos ser copartícipes y protagonistas de ese milagro que necesita nuestra sociedad, que necesita el mundo.

 

Es un deber apoyar iniciativas que diseñen, promuevan y propongan políticas públicas integrales para la atención de la familia, esa familia que va desarrollándose por descendencia, por grados de parentesco (es decir, por personas que sin descender unas de otras, proceden de un tronco común; primos, tíos, abuelos, etc.), por afinidad (el contraído por el matrimonio, entre el varón y los parientes de la mujer y viceversa) y el civil que nace de la adopción. Apoyar a la familia es apoyarnos a nosotros mismos y a todos los hombres pues todo estamos incluidos en una relación de familia vivamos o no juntos en el mismo domicilio.

 

Apoyar a la familia no es cuestión de ideologías, credos religiosos o pertenencias políticas. La familia es la raíz del árbol frondoso de la vida humana que está en riesgo de secarse y no podemos permitirlo pues su muerte supondría la nuestra. De ahí también que cualquier iniciativa ideológica, religiosa y política, mientras lleve la impronta de la verdad y de la búsqueda del bien común, sea siempre bienvenida.

 

La gran mayoría de los países desarrollados cuentan con un Instituto Estatal para la Familia. Un apoyo real y eficaz es la búsqueda e institución de un organismo de este tipo en nuestros lugares de origen para garantizar el cuidado de la familia. No podemos dejar que unos pocos decidan por el bien de la mayoría, eso sí sería totalitarismo. Quienes han tenido tristes experiencias familiares en sus vidas deben comprender que la inmensidad de los habitantes de una ciudad, estado o país, queremos que se defienda nuestro derecho a gozar y disfrutar de la belleza de una familia; tenemos el derecho a que el milagro de la familia se prolongue por siempre.

 

Así como hay reservas ecológicas donde se defiende la naturaleza, debemos abogar por la defensa de ese otro medio ambiente más inmediato en el que nos desenvolvemos todos los días. ¡Necesitamos una reserva para la familia! Esa reserva es todo el mundo, nuestro único hogar. Hagamos el milagro de la familia defendiéndola. No estamos solos.

«EL RESPETO A LA LEY ENALTECE NUESTRO ESPÍRITU»
 
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Responsabilidad del Presidente

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

Enero / 2008

 

 

Durante casi todo el siglo pasado, aunque la Constitución consignaba la división de poderes y se hablaba de Estados soberanos y municipios libres, los mexicanos con uso de razón sabían que el Presidente decidía quienes iban a ser diputados, senadores y gobernadores. Hasta en el más lejano y pobre municipio, una recomendación presidencial era suficiente para que una persona ocupara la alcaldía.

 

En aquel México, de un presidencialismo absoluto, todo lo bueno, lo malo, los aciertos o fracasos, eran responsabilidad del Presidente de la República. Crecimiento, empleo, inflación y devaluación eran atribuibles a las decisiones del Presidente en turno. A partir del Gobierno del Presidente Fox se empieza a practicar en la realidad la división de poderes, que antes era letra muerta.

 

Ya no existe una lista de candidatos a diputados, senadores y gobernadores del partido en el poder que palomea el Presidente. Las decisiones presidenciales están acotadas por los miembros del legislativo, del poder judicial y de los gobernadores.  En otras palabras, Fox lideró un cambio notable en ese aspecto de la política mexicana, indiscutiblemente un cambio importantísimo.  FINALMENTE FUNCIONAN AUTÓNOMAMENTE LOS TRES PODERES DE LA UNIÓN.

 

Esa realidad política implica que ya no podemos, como en el siglo pasado, únicamente aplaudir al Presidente cuando hay un avance económico, tampoco considerarlo el único responsable cuando hay fracasos. El que se logre un mayor crecimiento ya no depende exclusivamente de las acciones del poder ejecutivo, también de las leyes que se aprueban o rechazan en el poder legislativo.

 

La aprobación de un presupuesto inflacionario o desequilibrado es definitiva en los aumentos de precios y tasas de interés. Las decisiones del Poder Judicial, las leyes emanadas del poder legislativo y las políticas implementadas en los diversos Estados de la República son ahora de suma importancia para el rumbo del país.

 

El futuro de México ya no está sólo en manos del Presidente Felipe Calderón, también en las de los legisladores que aprueban o desechan reformas y de los gobernadores que apoyan u obstaculizan cambios que nos permitan ser más competitivos a nivel internacional y lograr un mayor crecimiento y empleo.

 

 

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Reforma cuestionada

Por: Antero Duks

Enero / 2008

  

Desde que llegó la Libertad de Expresión a nuestro país, los medios se han dado vuelo en criticar y cuestionar a las autoridades en un contexto de subjetividad, tal como lo reconociera Ferris de Con en su programa radiofónico en cadena nacional.

 

El hecho de que la información que se vierte es subjetiva, implica que el ciudadano que recibe este bombardeo de mensajes se encuentre vulnerable para conocer la veracidad de lo que se informa. Se enfrenta al reto de discernir si lo que escucha corresponde a la realidad que vive este país o a los intereses de quienes tienen de su lado el micrófono y las cámaras.

 

Como en todo negocio, cuando los intereses de los inversionistas se ven amenazados, su naturaleza los lleva a defender su posición y la posibilidad de tener jugosas ganancias. En este caso, los medios cuentan con la ventaja que implica tener la sartén por el mango para verter sus opiniones e influir en el público que día a día recibe su señal.

 

Un ejemplo particular es el de TV Azteca cuando hizo una anticampaña a Casa Sada, refiriéndose al supuesto abuso en el precio y el suministro de las medicinas que se consumen en este país. Con una actitud ajena a la ética, omitieron decir que Casa Sada estaba entrando al negocio de las Telecomunicaciones en México y que ese hecho les representaba una amenaza.

 

Hoy los autonombrados "líderes de opinión" se alinean en una "defensa frontal de la libertad de expresión y del sistema democrático que tanto nos ha costado construir en este país...", pero no mencionan los miles de millones de pesos que están de por medio por concepto de espacios propagandísticos contratados por los partidos políticos y por los particulares.


 ¿De verdad lo hacen por amor a México, o es una más de sus tomadas de pelo a la sociedad mexicana?

 

Más vale que nos informemos de los temas que se discuten en el Senado y en la Cámara de Diputados, de manera puntual y objetiva, y nos formemos un criterio en torno al trabajo y el voto de los Legisladores, y no en torno a las diversas opiniones que se vierten en los medios. Este país requiere de ciudadanos adultos, capaces de forjarse su propia opinión. Este país es mucho más que Radio y TV.





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¿Qué implica ser solidario?

 

Por: Querien Vangal

Enero / 2008

 

 

Es algo que se elige, igual que hay que decidir qué causas, de las muchas justas que existen, puedo apoyar.

 

De vez en cuando, es higiénico preguntarse algo tan obvio como qué significa ser solidario.

 

No cabe duda que se trata de una pregunta incómoda, porque según cómo, uno puede llegar a la conclusión de que no lo es y eso puede despertar la mala conciencia.

 

Si por solidario se entiende estar implicado activamente en una ONG, realmente son muy pocos los ciudadanos solidarios, pero si ser solidario significa pagar religiosamente los impuestos, entonces prácticamente todos los ciudadanos adultos son solidarios, pero no por amor al prójimo, sino por imperativo legal.

 

La auténtica solidaridad comienza, entre otras cosas, con realizar bien nuestro propio trabajo; el de cada día. Consiste en apostar por la excelencia y, a la vez, por una labor socialmente responsable.

 

Ser solidario no es un hecho puntual, ni una aventura de verano, sino un compromiso tenaz, constante con la propia labor que a uno se le ha encomendado. Si uno no hace bien su tarea, eso tiene siempre efectos en la tarea de los otros y la primera norma de solidaridad consiste en sentirse estrechamente unido a los otros y en comprender que lo que yo no realizo correctamente afecta, directa o indirectamente, a los otros.

 

La primera solidaridad con el prójimo empieza, pues, en hacer bien nuestro trabajo.

 

Los que creemos en el buen trabajo no dudamos de las posibilidades que ello tiene para poder ir cambiando el mundo.

 

Otros entienden que el trabajo es un puro modo de subsistir, un modus vivendi, pero no un ámbito de transformación de la realidad. Entonces se sienten llamados a hacer algo gordo, extravagante para lavar la mala consciencia y seguir viviendo.

 

La solidaridad entendida como experiencia puntual es un puro fraude, una excusa para salir airado del examen de la consciencia.

 

Ser solidario significa tomar consciencia de que las cosas y los hechos pueden ser distintos de cómo son. Como tal, la solidaridad lleva implícita la referencia a la elección. No se puede imponer, tampoco se puede exigir, pero se puede esperar de las personas que toman consciencia de la realidad en que viven.

 

Se refiere siempre al compromiso con el otro, trata de seres humanos y no de gestionar cosas, ideologías, credos y ortodoxias. La actitud solidaria supone entender y comprender que, bajo la superficie de la apariencia, de lo políticamente correcto, laten situaciones inhumanas disfrazadas de verdades incuestionables.

 

La auténtica solidaridad implica aprender a no confundir. Para criticar las causas que dan lugar a tener que ser solidarios hay que empezar, en primer lugar, por conocerlas, saber por qué y cómo se producen tales situaciones sobre todo para no perpetuar con determinados argumentos y soluciones lo que se pretende abolir.

 

La solidaridad que deseamos supone trabajar para conseguir buenos ciudadanos. Es preciso inculcar en ellos buenas costumbres a través de buenas leyes. Aquí la educación, los medios de formación de masas y una legislación con instituciones adecuadas son elementos claves y determinantes.

 

La auténtica solidaridad nos hace sentir la impotencia de no poder abrazar todas las causas hacia la que apuntan los Derechos Humanos, aunque todas ellas nos indignen. El hecho de que existan muchas causas y no podamos atender e interesarnos por todas no es razón para desmovilizarnos y paralizarnos.

 

Al contrario, esto es lo que hace que nuestra responsabilidad y nuestro compromiso nos obligue a vivir la solidaridad a través de elección y de la amistad. Lo que nos impide ayudar a todos es lo que nos permite que socorramos y nos solidaricemos con unos pocos.

 

Quizás ésta es la terrible paradoja de la solidaridad, escoger entre dos alternativas: la de querer abarcar todo y no centrarse en nada ni en nadie o la de la elección y selección que siempre supone elegir y excluir a otras causas igual de dignas y urgentes que la escogida.

 

A la hora de realizar esta elección, es clave considerar el talento personal, la capacidad intelectual, pues no todos estamos hechos para lo mismo, sino que cada cual tiene una misión y una tarea que realizar en este mundo.

 

Los actos y los gestos de solidaridad son realmente beneficiosos cuando de verdad sacuden nuestros egoísmos y comodidades, pero también cuando son un reto al sistema político y a la legislación vigente que provocan, amparan y dan lugar a esas situaciones que se tratan de paliar desde la solidaridad.

 

Cuando la solidaridad trata de ser verdadera y no apologética afecta al poder, a las formas de ejercer el poder, educa en sentido crítico al ciudadano y nos permite, en definitiva, vivir mejor.

 

La solidaridad pues, no es un modo de cumplir con las tareas que debería realizar la administración del Estado, sino una respuesta crítica, responsable y constante a las situaciones de miseria que se crean en el mundo. La solidaridad verdadera no es muda; tiene una vena profética y crítica.

 

Una sociedad socialmente responsable es la que, de algún modo, se arroga el derecho de hacer que sus ciudadanos sean cada vez más solidarios, y estén cada día más comprometidos con los problemas de los más necesitados.

 

Ésta es una tarea nada fácil en la sociedad del hiperconsumo (Gilles Lipovetsky dixit) en la que nos encontramos, pues ya no es el sacrificio lo que se encuentra en el centro de la existencia; sino el placer, el bienestar, el ocio, el gozar de la vida.

 

Para que la auténtica solidaridad salga a la luz, es necesario recuperar el énfasis en el sentimiento moral de gratitud, del bien por el bien, de creer que existe, a pesar de todo, generosidad, altruismo y solidaridad, más allá de la lógica utilitarista de la sociedad.

 

Como decía Paul Valéry, el futuro es construcción. No podemos prever el futuro, pero sí podemos prepararlo, porque está en nuestras manos. Será, en gran parte, lo que hagamos de él.

 

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Programa Nacional de Obras Hidráulicas

 

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

Enero / 2008

                                                                                                                  

 

La Comisión Nacional del Agua presentó el Programa Nacional de Obras Hidráulicas con una inversión de 76 mil 725 millones de pesos. La prioridad será la inversión en drenaje, saneamiento, rehúso y tratamiento de aguas negras. En nuestro país sólo se trata el 36% de aguas residuales.

 

José Luís Luege Tamargo, director general de la Comisión Nacional del Agua, externó que "el mayor rezago que tiene el país es el no poder dar tratamiento a las aguas residuales, esto es una vergüenza, esto es algo que no podemos permitir, tenemos que avanzar juntos".

Se destaca en el programa que la disponibilidad del agua en México dependerá de la inversión en infraestructura que se haga hoy, de lo contrario, dijo que las grandes ciudades como el Distrito Federal perderán viabilidad.

 

Cabe la pregunta: ¿Alguien puede imaginarse explotar ocho veces la capacidad de un acuífero o que alguien responsable piense que esto se pueda hace?, sin embargo la realidad es que  la mayoría está dos veces y medio arriba de su capacidad de recarga.

 

Este asunto del aprovechamiento razonable del agua, que si bien es cierto que es global, en nuestro país es un problema añejo e irresoluto.  La mayoría de los mexicanos no tenemos esa escuela, la indiferencia a ello es endémica.  Ha habido infinidad de programas para educarnos sobre  el cuidado del agua, pero nos sigue importando tanto como un comino. 

 

Se ha dicho hasta el cansancio que aprecio y cuidado del vital líquido debe enseñarse a los niños en las escuelas, esto parece ser una ilusión utópica.  Serán los maestros capaces de asumir esa responsabilidad cuando que son ellos los primeros que necesitan de esa y otras enseñanzas, empezando precisamente por el sentido de responsabilidad.  Además de que más los importa andar de energúmenos borloteros que cumplir con su deber, que es impartir una enseñanza de calidad.

 

 

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¿Lo dijeron en serio?

Por: Antero Duks

Enero / 2008

 

No hay duda que Eduardo Sojo, secretario de Economía, y Agustín Carstens, de Hacienda, son economistas competentes que saben que una de las tareas de los precios es la de racionar el mercado, es decir, solucionar cualquier problema de escasez o sobreproducción. Saben también que el alza de los precios no es el problema sino la solución al problema de la escasez. Saben, para terminar, que la condición para que los precios lleven a cabo correctamente esa tarea de racionamiento es que se muevan según los cambios en la relación entre oferta y demanda.  Saben también lo que son los precios, cómo se determinan, cuáles son las tareas que desempeñan, y qué se requiere para que las cumplan correctamente.

 

Con este reconocimiento, resulta verdaderamente incompresible el afán por hacer declaraciones, que si políticamente son correctas, pero que desde el punto de vista de la economía, son disparates.

 

Eduardo Sojo, quien hace algunos días dijo que van a "estar cuidando que no se incrementen los precios", ya que "no hay ningún motivo (…) para que se incrementen (…) en el resto del año", afirmación ante la cuál hay que preguntar, de entrada, lo siguiente: si los precios aumentan, ¿no hay ningún motivo para que lo hagan? ¿Puede haber efecto sin causa? Y todavía más importante, ¿quién es el gobierno para prohibirle a cualquier oferente que aumente el precio de la mercancía que ofrece? Esa prohibición, ¿no viola la libertad y la propiedad? Claro que sí. Para terminar, ¿está seguro Sojo de que, en lo que resta del año, no hay ningún motivo para que aumenten los precios? ¿En octubre, noviembre y diciembre la oferta de todas las mercancías, en todos los mercados, será siempre suficiente para satisfacer la demanda, única manera de que los precios no aumenten?

 

Por su parte, Agustín Carstens quien, en su comparecencia ante los diputados, dijo que "el Gobierno Federal no permitirá el alza injustificada de precios", afirmación ante la cual lo primero que hay que preguntarle es qué criterio utilizará el gobierno para decidir cuándo el alza de un precio se justifica y cuándo no, sin olvidar lo ya dicho: cualquier alza de precio, ya sea que su causa sea un aumento en el costo de producción de la mercancía, ya sea la intención del oferente de ganar más, siempre tiene una causa que la justifica.

 

Supongamos que el gobierno considera justificada un alza de precio producto del incremento en el costo de producción y por lo tanto la permite, pero juzga injustificado un aumento, consecuencia de la intención del oferente de ganar más, razón por la cuál la prohíbe. La pregunta vuelve a ser la misma: quién es el gobierno para prohibirle a cualquier oferente que aumente el precio de la mercancía que ofrece, sobre todo si considera que ese incremento le reportará una mayor utilidad, sin olvidar un pequeño detalle: el oferente lo único que puede hacer es aumentar el precio y ver la reacción del consumidor a quien no puede obligar a comprar su mercancía.

 

¿Por qué, siendo economistas competentes, Sojo y Carstens hacen declaraciones que, si bien son políticamente correctas, son, desde el punto de vista de la economía, disparates? ¿O será que sí están dispuestos, el uno, a no permitir el alza de ningún precio, y el otro, a no consentir al aumento injustificado de los mismos? Y si ambos están dispuestos a cumplir lo que dijeron, ¿quién se saldrá con la suya, Cojo o Carstens, siendo que el primero pretende evitar el alza de cualquier precio -así lo dijo: "vamos a estar cuidando que no se incrementen los precios"-?, mientras que el segundo solamente pretende evitar las alzas injustificadas -y así lo afirmó: el gobierno "no permitirá el alza injustificada de precios"?. ¿Quién entiende pues?

 

Mi tesis de siempre es que el único que está en posibilidades de controlar el algo que los precios no se incrementen es el consumidor, pero para ello se requiere de una decidida y unida participación ciudadana.

«La humildad es el altar sobre el cual quiere Dios que se le ofrezcan los sacrificios»
 



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Políticos empresarios y empresarios políticos

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

Enero / 2008

 

El día 21 de septiembre del año pasado, el presidente Calderón se reunió con los 300 líderes más influyentes de México y les espetó la pregunta siguiente:

 "¿Cuántas fortunas se han construido sobre la sangre y sobre el dolor de esa mitad de mexicanos?".  Detrás de esta pregunta, cabe otra: ¿Quién lo sabe?, estoy seguro de que nadie lo sabe, incluido el presidente.   ¿Cuántas fortunas son el resultado de la explotación?, y lo pregunto en dichos términos porque supongo que así, como explotación, hay que entender lo de "sobre la sangre y sobre el dolor de esa mitad de mexicanos" que son, dicho sea de paso, los que siguen sobreviviendo en la pobreza.

 

Para comenzar, conviene dividir la pregunta y cuestionar:

 

1.            ¿Cuántas fortunas de empresarios se han construido sobre la sangre y sobre el dolor de esa mitad de mexicanos?

2.            ¿Cuántas fortunas de políticos se han construido de la misma manera: sobre la sangre y el dolor de muchos mexicanos?

3.            ¿Quién lleva la delantera? ¿Los empresarios explotadores? ¿Los políticos abusivos?

 

Para continuar, debemos preguntarnos cuántas fortunas de empresarios, se han construido, no sobre la sangre y sobre el dolor de esa mitad de mexicanos, sino a partir del algún privilegio otorgado por el gobierno, prerrogativa que puede ser alguna protección, algún subsidio, alguna concesión monopólica, lo cual da como resultado la eliminación o limitación de la competencia en el mercado, todo ello en contra del bolsillo de los consumidores, quienes, por obra y gracia de ese privilegio, son explotados por productores, distribuidores y comerciantes.  ¿Explotados? Sí, claro que sí.

 

En seguida hay que preguntarnos lo siguiente: de las fortunas mal habidas por empresarios, ¿qué porcentaje es producto de la sangre y dolor de los mexicanos más pobres, y qué porcentaje corresponde a la explotación del consumidor por parte de algún empresario privilegiado con alguna protección, subsidio o concesión monopólica?

 

Y más allá de empresarios explotadores y de políticos abusivos, ¿el gobierno, aún suponiendo su total y absoluta honestidad y eficiencia, no hace lo que hace (sobre todo en su calidad de hada madrina, encargada de proporcionarnos todos los bienes), abusando de la propiedad y la libertad de los gobernados? Al cobrar impuestos con fines redistributivos, quitándole a unos y dándole a otros, ¿no abusa de la propiedad de los gobernados? Y dado que la propiedad es la condición de posibilidad de la libertad, al abusar de la primera ¿no termina abusando de la segunda? ¿No será que Calderón vio la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio?

 

Hoy, aunque la mayoría de la gente no se dé cuenta (y para que comiencen a dársela escribo estos Pesos y Contrapesos), es el gobierno la principal amenaza contra la propiedad privada y la libertad individual, y a las pruebas me remito: bastó que el Ejecutivo propusiera cobrar impuestos, y que el Legislativo lo aprobara, para que termináramos pagando más impuestos, ya por obra y gracia de la IETU, ya por medio del nuevo impuesto a las gasolinas, ya vaya a ser por cualquiera de los otros: el impuesto a los depósitos en efectivo o el impuesto especial sobre producción y servicios a juegos y sorteos. Muchos dicen que Calderón está viendo la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.  Yo no lo creo así Es por ello que le hago la siguiente pregunta: ¿cuántos impuestos, cuántas leyes, cuántos reglamentos, se han cobrado, promulgado y aplicado en contra de la propiedad privada y la libertad individual?

 

  

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Muy a la moda... hasta en las ideas

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

Enero / 2008

 

A excepción de algunos contreras, por psicología o por orgullo, que suelen decir "de qué hablan que me opongo", la mayoría de las personas queremos agradar, no desentonar, estar a la moda. Los aparadores de nuestra ciudad, así como los de Nueva York, París, Madrid, Roma, Nochistlán, Juchitán o Ciudad Ixtepec nos invitan a adquirir "lo de hoy". Lo que hace un año podría haber sido muy extraño, hoy es casi esencial en tu guardarropa. Un ejemplo es el folklórico poncho. El problema surge cuando la moda pasa de ser un amigo sugerente a un dictador demandante. En lugar de ayudarnos, nos convertimos en esclavos de sus caprichos. Lo grave es que de moda en el vestir, en la comida, en la arquitectura y en la decoración, hemos pasado a vivir la moda hasta en la forma de pensar.

 

Que muchos jóvenes se uniformen con pantalones de mezclilla a la cadera no tiene importancia, pero que todos piensen igual sí, porque implica muy probablemente que no están pensando por sí mismos, sino que se limitan a aceptar las ideas de moda sin mayor cuestionamiento. El uniforme escolar es externo, el uniforme intelectual es interno y contrario a la autenticidad humana. Según los filósofos, hoy vivimos en la posmodernidad. Lejos de ser un dato cultural sería interesante descubrir qué tan posmodernos somos tú y yo. Porque en el fondo conoceríamos qué tan libres somos. Al menos en el pensamiento. Esto sin olvidar que la idea tiende a la acción. "El hombre posmoderno no mira hacia atrás ni hacia delante, se limita a mirar su propio ombligo". Así lo definió Froster. Vivimos en la época del yo-ismo. Otros autores señalan, entre sus notas fundamentales, al homo sentimentalis, al nihilismo y al ocaso del deber (una nueva moral). Enfoquémonos en la primera, pues los dos temas últimos serán objeto de una conversación posterior.

 

A lo largo de los siglos se ha hablado del ser humano como homo rationalis, homo faber, homo viator... Hoy nos dicen que predomina el homo sentimentalis. Es decir, la emoción se convierte en criterio de verdad, donde lo fundamental es sentirse bien, no estar bien. Esta persona busca emociones, sentimientos, nunca es bastante para satisfacer sus ansias de placer, de comodidad. Vive frecuentemente entre dos polos: el placer y la depresión. El placer equivale a una carga estimulante de sensaciones, y la ausencia de las mismas acarrea la desmotivación, la melancolía, el aburrimiento y la pesadez (o sea, la depresión). "Porque me latió", "no me nació", "haz lo que sientas", "lo que te dicte el corazón", son expresiones frecuentes que denotan el gobierno de lo sentimental en nuestras vidas. El problema es que, más que gobierno, es anarquía. Porque, para sorpresa de muchos, no somos libres de sentir, sólo somos libres de consentir, encauzar u orientar ese sentimiento. Además los sentimientos son volubles, inestables, irracionales, pero fuertes y atractivos. La propia razón pasa a un segundo plano, que no tiene capacidad de contrarrestar la corriente. Los conocedores del tema se refieren al pensiero debole, pensamiento débil que no reconoce la verdad de las cosas, sino que se centra en lo que esas cosas me hacen sentir sin valorar causas ni consecuencias, sino concentrándose en el momento presente. "Hakuna matata" es el himno de la posmodernidad. Quienes fuman son conscientes del hecho: fumar puede causar cáncer. Sin embargo, te perdono el mal que me haces por lo bien que me sabes. No es cuestión de razón, es cuestión de corazón.

 

Por si lo anterior fuera poco, hay algo más: los sentimientos son fácilmente manejados por agentes externos. Una película, determinada canción, las telenovelas, frases dirigidas a la esfera emotiva del corazón pueden lograr que una persona se vea envuelta de manera tal que, sin considerar lo que piensa (sus principios y valores), tome decisiones con base en sus emociones o, en su defecto, en su hígado. Hoy está de moda ser posmoderno, ser homo sentimentalis. Querido lector, ¿estás a la moda?

 

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Mujer, cuna de la humanidad

Por: Enrique Galván-Duque Tamborrel

Enero / 2008

 

Una vez más la ley de la selva, el más fuerte pasa por encima del débil y del que no tiene voz, quien por lo mismo no importa porque no vota. Algunos medios aprovecharon este debate para polemizar y aumentar el rating, porque no cabe duda de que este tipo de temas generan polémica y se eleva la atención de la sociedad que está pendiente sobre lo que se dice quién lo dice, los dimes y diretes, la confrontación y el debate.

 

Tristemente no hubo oportunidad de realizar un diálogo serio y responsable, era muy clara la consigna que los asambleístas del PRI y el PRD traían: partiendo de un problema real que es que hay mujeres que mueren al practicarse un aborto (esto sucede tanto en clínicas clandestinas como en clínicas oficiales), buscaron la "solución" por la vía fácil, la despenalización del aborto y con ello la eliminación del más débil.

 

Una vez más aquellos que hablan de representar a las minorías y a los menos favorecidos demuestran que eso es simplemente un discurso, que lo hacen en la medida en que les traiga beneficios o alimente su dogma basado en la tesis marxista-hegeliana, en la práctica la lucha de los contrarios y en concepto la negación de lo que esté frente a ellos, escribiría Hegel: "De hecho, pensar es esencialmente la negación de lo que está inmediatamente ante nosotros".

 

El mismo Pablo Gómez (Senador del PRD) escribe: "mujeres que no tienen dinero para pagar un aborto bien realizado, recuren a cualquier persona para llevarlo a cabo con consecuencias funestas. Tenemos adolescentes y madres de familia que se ven afectadas en su salud o mueren debido a que el aborto en México está pensado para quienes tienen dinero, pero no para las mujeres pobres."

 

Resulta finalmente que para ellos (PRI y PRD) es un tema ideológico de lucha de contrarios, ricos contra pobres, para ellos no tiene sentido el concepto de humanidad y mucho menos el de dignidad de las personas, al final están imponiendo a la sociedad su propia ideología, que tiene al gran defecto que no parte de principios, es como una especie de religión o peor aún, una secta que impone sus creencias. Ellos que se jactan de tolerancia son los más intolerantes. Ellos que se jactan de demócratas, son en realidad antidemocráticos y tiranos. Ellos que reclaman como intervencionismo el posicionamiento de las iglesias que parten de principios Universales, imponen a todos desde sus curules y desde el poder "su propia religión".

 

Por eso frente a este grupo de personas, cualquier debate y cualquier intento de discusión se convierte en diálogo de sordos, ya que parten de la idea de que lo que ellos dicen es la VERDAD absoluta de la cual se sienten poseedores y los demás vivimos en el error.

 

Esto no es un asunto de la sociedad polarizada como algunos intentan demostrar, la sociedad está muy ajena a estos posicionamientos ideológicos de unos cuantos (priístas y perreditas), sin embargo esos cuantos hablan fuerte y tienen posiciones de alta exposición mediática. Muchos comunicadores comparten esta ideología lo cual facilita su trabajo ya que con la confrontación aumenta el rating, es fácil identificarlos.

 

Esta ley y las leyes que permiten el aborto y las personas que las fomentan en el fondo están abandonado a la mujer dejándola sola y en sus manos la decisión sobre la continuidad de la humanidad: la decisión sobre la vida humana.

 

La discusión no está en el "derecho a decidir" como plantean algunos de estos grupos y personas que como dice Hegel tratan de negar lo que se presenta ante ellos. El punto se encuentra en el reconocer lo que la ciencia demuestra, ni siquiera es un asunto de religión, como argumentan ellos para desviar el debate. Es un asunto de reconocer la realidad, presentada ya por la ciencia avanzada, y esta muestra que en el seno materno existe una vida desde el momento de la concepción, que desde ese momento ese nuevo ser ya tiene una propia identidad y que efectivamente depende de su madre, como nosotros dependemos de la madre tierra para respirar y para cultivar nuestros alimentos.

 

Es importante que nos sentemos a pensar y reflexionar y hagamos conciencia del sentido de humanidad, de esa responsabilidad generacional que está en nuestras manos, ese cuidar nuestro planeta tierra que es nuestra casa, pero sobre todo el cuidar nuestra especie, el ser humano. Desde esta perspectiva debemos resaltar el papel maravilloso del seno materno y el papel de la mujer en esta continuidad humana, pues queda claro que es el vientre materno la cuna de la humanidad.

 

Mujer, eres responsable de mantener al ser humano en este planeta, eres responsable con tu decisión de engendrar esperanza, no dejes que el corto plazo y la trampa de las palabras "derecho a decidir" te hagan pensar que este derecho implica elegir entere lo bueno y lo malo ya que no es así, para decidir hay que elegir entre dos o más bienes el mejor de ellos, el terminar con una vida no es bueno y no es elegible, el darle oportunidad a esa vida cerca o lejos de ti, sí es una elección.

 

Recuerda que no estás sola, aunque algunos te dejen solo la decisión a ti, esto es algo que nos involucra a todos y cada uno de los que vivimos en este planeta y que queremos trascender. El elegir por la vida siempre será la mejor elección

 

Urgente la participación social formada e informada

 

Este debate sobre el aborto y sobre los temas centrales del país y del planeta, urgen un llamado intenso a las conciencias de todos y cada uno de los ciudadanos y personas que convivimos en una comunidad, en esta sociedad y en esta civilización; un llamado a informarnos para participar, a formarnos para tener un criterio claro, a no conformarnos con lo fácil y hacer conciencia de nuestra responsabilidad, a tener una visión de largo plazo.

 

Tenemos que darnos cuenta que el hacer algo sí es diferencia y que ese hacer algo debe estar encaminado a buscar el bien propio y el de los demás, esa conciencia de buscar el bien común en un eje horizontal pensando en toda esta generación (los que conviven conmigo en este espacio y tiempo) y en un eje vertical pensar en las generaciones futuras.

 

La Solidaridad es la virtud social que nos permite pensar en los demás, reflexionemos que nos toca hacer, hagámoslo de forma seria formada e informada y con un espíritu solidario horizontal y vertical.

 

Mujer, no olvides que tu vientre es cuna de la humanidad, y que por lo mismo no estás sola.

 

 

 

 



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Los dos niveles de la belleza

(Sobre la belleza del alma)


Por:
Querien Vangal

Enero / 2008

 

 

A casi todos nos gusta tener un cuerpo sano, hacer deporte, trabajar y reír, descansar e ir de excursión con los amigos.

 

El bienestar físico es un valor casi universal. Algunos, además, persiguen ansiosamente una especie de "eterna juventud". Realizan operaciones de cirugía estética, masajes, ejercicios especiales para adelgazar, inyecciones "rejuvenecedoras", lociones y cremas de todo tipo...

 

Gracias a tantas intervenciones y progresos farmacéuticos, a veces es posible encontrarse con una señora de 50 años que parece tener 30, y con una de 40 que no tiene nada que envidiar a una chica de 18... Algunos hombres han entrado ya en este mercado de la "cosmética" a niveles de competividad respecto a lo conseguido, no sin grandes esfuerzos, por mujeres famosas por su "eterna juventud".

 

Pero ese esfuerzo por conquistar un nivel de belleza corporal que dure el mayor tiempo posible tiene que detenerse al llegar a fronteras insuperables. La naturaleza no deja de pasar su factura (también la pasan los centros de belleza, no hay que olvidarlo) y uno tiene que rendirse ante la realidad: los años no perdonan; el proceso hacia la vejez no ha sido controlado, al menos hasta ahora, por la técnica.

 

Existe, sin embargo, una belleza distinta, más profunda, y no por ello menos importante. La gratitud, la alegría, el optimismo, ese gusto por vivir para un proyecto, la solidaridad, la fidelidad a unos amigos, la profundidad de un matrimonio abierto a las riquezas del otro y a la belleza de la paternidad y la maternidad... Son cosas que no se ven a primera vista, tesoros que brillan con una claridad propia, bellezas que pueden suscitar más envidia que un "color tropical" en el cutis o que una nariz especialmente estirada y tersa.

 

En el mundo de hoy nos vendría muy bien que el inquieto Sócrates se pasease por nuestras calles para reírse de la ropa, de los centros de embellecimiento, de las saunas para bajar unos kilos que se recuperan a través de esos pequeños pasteles que tomamos entre tarde y tarde...

 

El Sócrates de nariz aguileña y ojos saltones se reiría de la enorme cantidad de productos y esfuerzos dedicados por entero a cultivar un cuerpo que está sometido, lo queramos o no, a la gravitación universal y a la ley de la acción y reacción (del nacimiento y de la muerte), sin pensar más que de cuando en cuando en el espíritu (en el alma, como diría él). Se reiría de la importancia que damos a la belleza que sólo llega a los ojos, el tacto o el olfato, y de lo poco que nos preocupamos por la belleza del corazón, una belleza que provoca alegrías mucho más profundas y duraderas que las logradas por un perfume o un poco de crema de labios...

 

Se reiría ese viejo Sócrates... A la vez, muchos se reirían de él al verlo pobre, simplón, un poco desfasado. Cuesta cambiar de vida cuando ya es un hábito el dedicar tanto tiempo a nuestro espejo. Cuesta ver más allá del peinado, de los pantalones y de los anillos que buscan dar realce a lo que se desgasta poco a poco.

 

Sócrates dejaría de lado esas críticas. Desde su aplomo desconcertante, se pondría delante de nosotros y nos desnudaría internamente con su ironía y sus preguntas (preguntas profundas, perennes, ante las que no podríamos huir). Nos pediría encontrar un sentido a la vida y la muerte, averiguar qué es la justicia y la verdad, la amistad y el trabajo, el amor y la alegría.

 

No descansaría hasta saber si tenemos esa belleza que no se consigue con lociones ni baños solares. Esa belleza del espíritu que brilla con una luz peculiar en un mundo que habla sólo de apariencias y de sombras, pero que desea también, quizá sin decirlo abiertamente, valores que embellezcan profundamente a los hombres y mujeres con tesoros que no pasan como el brillo de un relámpago en la noche...

«La humildad es el altar sobre el cual quiere Dios que se le ofrezcan los sacrificios»
 



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jueves, 14 de enero de 2010

¿Qué pasa con la autoridad en la familia?

Por: Querien Vangal

Enero / 2008

 

Un hecho evidente es que la mayoría de las mujeres casadas con problemas en su matrimonio coinciden en señalar que el primer problema de sus relaciones de pareja es la incomunicación conyugal. El conocimiento de sí mismo se da en buena parte en el encuentro con la persona del otro sexo, a través del otro. La donación primera y fundamento de cualquier relación, es la comunicación.

 

Sin comunicación, la intimidad no se abre al encuentro del otro por lo que la subjetividad permanece invisible a la mirada opaca del cónyuge. Compartir la intimidad es hacerla visible al otro, de modo que la existencia temporal se transforme en co-existencia, en mutua corresponsabilidad. (1)

 

El principio del que debe partir la autoridad en la familia es precisamente esta corresponsabilidad de padre y madre ante los hijos. Lo ideal y natural es que cada persona se acepte a sí misma, trate de conocerse mejor y procure sacar lo mejor que lleva dentro. Pero es preciso esforzarnos por acoger y tolerar la bio-psico-diversidad de que somos portadores, hasta el punto de aceptar al otro tal como es, también en lo que se refiere a sus propias limitaciones. He aquí una razón más para poner de manifiesto el derecho del niño al padre, a la madre y a la buena relación que ha de haber entre ellos. La psicología evolutiva ha probado que un niño o una niña no se comportan de igual forma ante su padre o su madre, como tampoco éstos tratan igual a un hijo o una hija (2). Lo justo es tratar de forma desigual a hijos desiguales pues lo contrario, tratar de igual forma a personas desiguales es un error, además de una injusticia.

 

La palabra autoridad etimológicamente deriva del verbo latino augeo que significa aumentar, promover, hacer crecer. En el mundo romano "la palabra auctoritas designaba la fuerza que servía para sostener y acrecentar algo, y auctor el agente o sujeto activo de esa auctoritas era la persona que sostenía o desarrollaba algo porque él mismo se había previamente aumentado o acrecentado a sí mismo en sus virtudes" (3) Pero además de esta definición debemos concentrarnos en la disposición interior de quienes ejercen la autoridad, ya que puede haber un afán de servir o un afán de dominar en quien manda. En el interior de cada ser humano – nos dice San Agustín – hay a la vez afán de servicio y afán de dominio. De su lucha personal depende que venza lo primero sobre lo segundo. O mejor, si verdaderamente hay lucha interior, predominará el afán de servicio, así, si entendemos incremento, promoción en sentido positivo, sólo habrá verdadera autoridad cuando se ejerce con disposición de servir.

En la familia, la autoridad la tienen y deben ejercerla los padres como primeros responsables de la familia y la educación de los hijos. En el ejercicio correcto de la autoridad de los padres deben destacarse cinco fases: pensar, informarse, decidir, comunicar claramente y hacer cumplir. Cuando alguna de estas es omitida pueden surgir desviaciones inaceptables: el autoritarismo (o ejercicio arbitrario de la autoridad) y el abandonismo (o no ejercicio de la autoridad). Una comunicación clara facilita la obediencia, no basta dar órdenes, es necesario comprobar que el mensaje ha sido bien aceptado. Por último, no puede reducirse la autoridad al derecho para dar órdenes y el poder para exigir obediencia, es erróneo entonces decir al hijo(a) que haga esto o aquello porque simplemente ¡aquí mando yo!, sino que el servicio de mandar incluye dos poderes: el de tomar decisiones influyentes en el comportamiento de los hijos y el de sancionar. Las sanciones positivas y negativas, es decir, premios y castigos siempre se dan en la relación humana y se utilizan para hacer cumplir lo que, con la información necesaria fue pensado y decidido por los padres, esto siempre y cuando tengan en cuenta que, para entender bien a alguien, hay que ponerse en su lugar. Sin embargo, ¡qué difícil es desde una oficina comprender la realidad cotidiana de un adolescente!

 

Ejerciendo el principio del respeto y haciendo lo posible por escuchar genuinamente y empáticamente al otro - en este caso al hijo o hija -, cuenta como uno de los hábitos de gente altamente efectiva en cualquier situación de la vida. Otro principio central para el mejor entendimiento con las personas (4) es aquel que concierne al cambio mismo y tiene que ver con la realidad de que cualquier cambio verdadero y durable ocurre de dentro hacia fuera. En otras palabras, en lugar de tratar de cambiar la situación o al hijo mismo, hay que tratar de cambiar uno mismo. Una de las principales razones de este cambio de 'dentro hacia fuera' es que los tiempos han cambiado dramáticamente. En el pasado era más fácil criar una familia de fuera hacia dentro, esto debido a que la sociedad era una aliada, un recurso seguro; había entre otras, más familias unidas, leyes y un sistema que de alguna forma, apoyaba al matrimonio y ayudaba a sostener familias fuertes. Hoy ir con la corriente o con las corrientes que existen es malo para la familia. Actualmente estamos tratando de navegar contra-corriente ante lo que se ha convertido en un medio ambiente poco amigable y turbulento para la familia tradicional y existen vientos poderosos que sacan a la familia de su curso.

 

En el tema de la autoridad en familia serán por tanto importantes los siguientes consejos:

Ø    Considerar inseparables el binomio comprensión-exigencia.

Ø    Considerar inseparables la participación y la responsabilidad.

Ø    Saber resistir frente a dificultades y frustraciones.

Ø    Destacar siempre en primer lugar, lo positivo.

Ø    La autoridad educativa requiere un clima de confianza.

 

Finalmente, un pensamiento de Jesús Urteaga (5): "El hombre está herido, contrahecho, tiran de él el dinero, el sexo, el poder….No puede mirar al cielo. Tiene hambre, le falta luz y está roto por el pecado. Pero lo salvaremos. Contamos con Dios y la familia".

 

Referencias:

 

(1) Polaino-Lorente, Aquilino. 2004

(2) Vargas y Polaina-Lorente, 1996.

(3) J.L. Pinillos. Autoridad y coordinación familiar. I.C.H., Madrid España.

(4) Covey. S. Highly Effective Families. Franklin Covey, N.Y. 97.

(5) Urteaga, Jesús. Dios y la familia. Ed. Palabra, Madrid España

 

 

«La vanidad es la gloria de los pobres de espíritu»